Bogotá. La violencia en Colombia se ha desatado durante este año. El vacío legal en la geografía  donde operaban las Farc es un vacío que no ha cubierto el Estado, aunque el actual gobierno lo niegue.

“No hay un trabajo fuerte de presencia institucional y de presencia de un Estado para permitir que esos territorios salgan de las lógicas de la violencia. Porque esta no es una violencia que está basada solo en lo político...es económica, social, política, en todas las realidades”, comenta Mery Rodríguez, comunicadora, investigadora y pedagoga vinculada al Observatorio para la Paz.

Rodríguez apunta, además, que hace 20 años atrás era posible identificar con mayor precisión a los actores en esos territorios: unos grupos guerrilleros, más grandes o más pequeños; las autodefensas campesinas y unos bloques paramilitares. Ahora hay mayor atomización: disidencias de las Farc, con dos o tres frentes, el Ejército de Liberación Nacional (ELN, que ha crecido mucho); grupos paramilitares, combinaciones con grupos criminales, algunos dedicados solo al narcotráfico, otros a la minería ilegal, y aunque el narcotráfico parece mas evidente, los recursos minerales, como el oro, tienen una incidencia importante.

“Uno con gran cinismo pudiera decir que Colombia es una bendición y una maldición en sí misma”, suelta Rodríguez.

Y luego lo explica. Colombia, dice, es un país que tiene todas las posibilidades. Lo que siembras, produce: el subsuelo está lleno de minerales, de hidrocarburos, tiene agua en abundancia, vegetación muy diversa, montañas, ríos, nieves, salidas y entradas por los dos océano”, remata la investigadora y pedagoga.

Duque, un presidente “sectario”que concentra el poder en el ejército

Explicar todo el coflicto a partir del narcotráfico parece para Rodríguez un análisis simplista, porque la solución sería entonces la fumigación de los cultivos. Y es, dice, mucho más complejo, porque se relaciona con dinámicas que llevan 50 o 60 años marraigadas en los territorios.

Rodríguez no deja de anotar que la violencia paramilitar está asociada a la derecha, a la gran propiedad. “Pero en el fondo de lo que se trata es de controlar recursos. Antes, las Farc cobraban un impuesto de gramaje a quienes cultivaban la hoja de coca. Ahora, llegaron otros a controlar ese mercado, a cobrar o a apropiarse de tierras para sembrar”.

Márquez Restrepo es crítica con el gobierno de Iván Duque, que califica de sectario por haber copado todos los poderes y toda la administración pública, y de esa forma a través del Ministerio de la Defensa ha impuesto la idea de que para controlar las masacres hay que volver a la fumigación y a la erradicación forzosa, que es una estrategia distinta a la de presidencia de Juan Manuel Santos.