Ciudad de México. El 31 de octubre de 2017, cuando el juez Pablo Llarena fue nombrado instructor del procés en el Tribunal Supremo, Carles Puigdemont llevaba ya 24 horas en Bélgica.

Llarena tardó menos de un año en sentar en el banquillo a los líderes independentistas que se quedaron en España, pero en los cuatro años en los que ha intentado conseguir la extradición de Puigdemont, ha fracasado.

“Ya en su momento (Puigdemont) fue Alemania, luego Bélgica y ahora Italia”, comenta el delegado de la Generalitat en México, Lleïr Daban i Hurtós.

La acusación por rebelión permitió a Llarena centralizar la causa en el alto tribunal, pero al mismo tiempo le ayudó a Puigdemont que Alemania no lo extraditara por no existir tipificado en sus leyes el mencionado delito.

“El entrono de Puigdemont y casi la totalidad del independentismo caricaturizan a Llarena como un juez poco hábil que se empeña en perpetuar su cruzada contra el expresident aun sabiendo que ningún país europeo lo va a entregar”, escribe Reyes Rincón el día de ayer en El País (El vía crucis europeo del juez Llarena).

“(Puigdemont) puede estar de forma libre por todos lugares excepto el Estado español, pero ha ido a Francia, ha estado muy cerca de la frontera (con España) en Perpiñán, todo bien. Se mueve fácilmente por la Unión Europea”, recuerda Lleïr Daban.

Sobre el ánimo independentista, el ascenso al gobierno de la Generalitat de parte de Pere Aragonés del partido Esquerra republicana de Catalunya (ERC) ha impuesto un plan de ruta que no establece fechas, por el contrario, se encuentra participando en una mesa de negociación con el gobierno de Pedro Sánchez.

¿Se ha enfriado el ánimo?, pregunta El Economista al delegado catalán en México: “Si se hubiera enfriado en las elecciones del 14 de febrero de este año, la mayoría independentista no hubiera ganado, por lo tanto, ahí sigue latiendo las ganas de independencia del pueblo catalán”.

Relación con AMLO

El presidente mexicano sostiene una batalla sobre aspectos históricos, 500 años atrás, con la España contemporánea. ¿Ustedes han aprovechado esa zona de debilidad del Gobierno de España acercándose al presidente López Obrador?

El delegado catalán lo niega. “Desde el Gobierno de Cataluña no nos gusta trabajar con los errores de los otros; nosotros trabajamos en positivo, trabajamos con el ánimo de construcción no de deconstrucción”.

Sin embargo, Lleïr Daban recuerda que “en la anterior administración del Gobierno catalán, el canciller ya pidió disculpas”. Se refiere a Alfred Bosch, en junio de 2019 se desempeñaba como conseller de Exteriores.

fausto.pretelin@eleconomista.mx