Entrevista a Molly de la Sotta, activista.

Ciudad de México. El viernes pasado se sentaron por segunda ocasión representantes del gobierno de Nicolás Maduro junto a miembros de la oposición en la Ciudad de México. En ese momento había 124 presos políticos militares en Venezuela.

Un día antes, Molly de la Sotta formula en entrevista a El Economista una pregunta a la oposición: ¿Cómo que no se han sentado y ya negociaron que va haber elecciones regionales?

En efecto, el pasado martes 31 de agosto la oposición venezolana reunida en la llamada Plataforma Unitaria anunció que participaría en las elecciones regionales que se llevarán el próximo mes de noviembre.

Molly de la Sotta es la presidenta de la asociación “Familiares de presos políticos militares en Venezuela” y viajó a México para recordar al grupo de la oposición que no han incluido en la agenda de negociación la liberación de los presos políticos militares.

“Cuando se habló del diálogo de la negociación entre la oposición y el Gobierno de Maduro, las familias que tenemos víctimas de crímenes de lesa humanidad todavía en prisión tuvimos una esperanza de que se lograra al menos la liberación de los presos políticos”, comenta.

Uno de los 124 presos políticos militares es su hermano: el capitán de navío Luis Humberto de la Sotta.

“Mi hermano está confinado en una celda. Tiene tres años y tres meses sin juicio. Él supuestamente estaba conspirando junto a la dirigente política María Corina Machado para que no se efectuaran las elecciones presidenciales de 2018. La pregunta es: Si María Corina está libre por qué mi hermano no lo está?”

Molly de la Sotta teme que la oposición se comprometa con el Gobierno de Maduro a pedirles a Estados Unidos y a la Unión Europea la eliminación de sanciones económicas sin pedir a cambio la liberación de los militares que se encuentran en la cárcel como presos políticos.

El informe de Bachelet desnudó al régimen. Fueron a ocho países a entrevistar a víctimas de estos crímenes, y en el informe dice que las sanciones no tienen responsabilidad de la crisis económica”.

Moly de la Sotta, presidenta de la agrupación presos políticos militares.

“La Unión Europea, el Parlamento Europeo y Estados Unidos dijeron que no levantarían sanciones si no se liberaban a los presos políticos. Por lo tanto (la negociación) generó expectativas. Pero después de que aquí se instaló el diálogo (el mes pasado), no se ha hablado nada de presos políticos.

De la Sotta recuerda el caso del capitán Rafael Acosta Arévalo, murió el 21 de junio del año pasado en el momento en que la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, se encontraba en Venezuela. 

Acosta Arévalo “estuvo ocho días en un centro de tortura amarrado y con las manos esposadas a un árbol; lo golpearon y le fracturaron 16 costillas, la nariz, tenía escoriaciones en todo el cuerpo y se le encontraron más de 53 signos de tortura. Lo presentaron el 28 de junio en un tribunal donde casi no podía respirar en una silla de ruedas, donde tenía las uñas ensangrentadas, donde estaba totalmente torturado y se cayó y se murió delante del juez.

Molly insiste en señalar a la oposición poco empática con este tema.

“Ha sido una decepción para nosotros que hemos denunciado tanto, de hecho hay una misión independiente de terminación de los hechos de Naciones Unidas que determinó hace un año que en Venezuela se comenten crímenes de lesa humanidad. En ese informe hay más de 114 funcionarios entre jueces, Maduro, vicepresidencia, ministros, directores de centros de inteligencia que aparecen señalados (por haber cometido) crímenes de lesa humanidad, y ninguno está preso. No se ha hecho justicia”.

Secuestro con helicóptero

El hermano de Molly se encuentra en prisión. Al capitán de navío Luis Humberto de la Sotta lo fueron a buscar a su oficina. “Él no estaba en armas”, indica. “Mi mamá estaba con él en su sitio de trabajo”, en la base naval en la bahía de Turiamo. “Allá fueron por él en helicóptero, lo apresaron y lo llevaron a un sótano que le llaman “el tigrito”, entre cuatro torturadores encapuchados le lanzaron polvo lacrimógeno, le pegaron con palos y lo dejaron en el piso durante cuatro días”.

La oposición tiene una asignatura pendiente: presos políticos militares.

fausto.pretelin@eleconomista.mx