Pekín. A medida que aumenta la ira por una disputa territorial entre China y Japón, las autoridades chinas han jugado en ambos lados del conflicto al apoyar discretamente las recientes protestas antijaponesas y luego al frenarlas públicamente.

Los expertos destacan algunas señales que apuntan a que las autoridades chinas han despejado el camino y, en algunos casos, incluso han impulsado algunas de las protestas que han estallado en los últimos días. Al mismo tiempo, los funcionarios han tenido cuidado de mantener el control sobre las masas, temerosos de que las reuniones pudieran fácilmente volverse contra el gobierno de China.

Los analistas chinos dicen que el doble enfoque es cuidadosamente calibrado para aumentar la presión sobre Japón y que también está impulsado por la política interna, al mismo tiempo que los funcionarios luchan por una posición en la próxima transición del liderazgo.

El partido es un experto en manipular tal opinión pública (...) y las señales de que estas manifestaciones fueron organizadas por el gobierno son muy elevadas. Las protestas ocurren cuando los líderes necesitan que ocurran y éstas se detendrán cuando ellos quieran que se detengan , expuso Liu Junning, un exinvestigador de un think tank relacionado con el gobierno y ahora analista político independiente.

Ayer, las autoridades chinas enviaron señales de que buscaban disminuir las protestas por las Islas Senkaku, especialmente de cara al impacto económico en el comercio entre China y Japón.

Algunas empresas japonesas cerraron ayer temporalmente sus fábricas en China; se registraron reportes de paros en marcas como Nissan, Mazda y Canon. Pasajes aéreos entre China a Japón han sido cancelados en masa. Muchas tiendas de marcas japonesas cerraron y publicaron banderas chinas en sus puertas para protegerse de los vándalos y jurar su amor y lealtad a China.

Las precauciones siguieron a las acciones violentas de los manifestantes durante el fin de semana. Huevos y botellas fueron lanzadas contra la Embajada de Japón en Pekín, las ventanas de empresas japonesas fueron destrozadas y automóviles japoneses fueron golpeados en las calles de toda China.

En algunas partes del sur del país, los manifestantes se enfrentaron con la policía antidisturbios y mientras que los editoriales en todo el país llamaron a la moderación en las protestas.