Tangerhütte, Alemania. En una ciudad semivacía de la vieja Alemania del este donde las fábricas cerraron sus puertas hace mucho tiempo, Andreas Brohm vislumbra los cimientos de un renacimiento.

Tangerhütte podría ser un centro de desarrollo para la energía eólica. Un lugar estratégico para ubicar granjas de servidores de Internet.

La ciudad podría convertirse en un imán de oportunidades para jóvenes profesionales quienes, como Andreas, anhelan vivir en espacios abiertos para criar a sus hijos, lejos de los elevados costos y de la locura de la vida que representa vivir en grandes ciudades.

Todo eso podría ocurrir si sus habitantes tuvieran buenas señales de Internet para sus teléfonos celulares.

“Como alcalde de este pueblo, necesito buenas comunicaciones. Necesito el 5G”, dijo Brohm, de 40 años, en una entrevista realizada desde una casa de un siglo de antigüedad donde se encuentra el ayuntamiento construido con base a ladrillos rojos, donde las conexiones a Internet son irregulares. “No me importa quién lo provea”.

Pero a la administración Trump sí le importa.

Preocupados por el potencial de ciberespionaje, o incluso de sabotaje, la presidencia de Donald Trump tomó el mes pasado el inusual paso de decirle al gobierno alemán que no le abra las puertas a la empresa china Huawei para que desarrolle sus planes de implementación de la próxima generación de tecnología de Internet.

Si Alemania ignora el “consejo” con olor a amenaza, los funcionarios han advertido que el intercambio de información de inteligencia podría estar en juego.

China, jugador táctico

Los proveedores de servicios de Internet aseguran que, sin Huawei, construir la red 5G costará mucho más dinero y llevará varios años más desarrollarla.

Por ahora, el gobierno alemán ha evitado hacer algún movimiento frente a Huawei. Sin embargo, llegará el momento en que Alemania junto a la Unión Europea tendrán que tomar una decisión al respecto. El golpe para Alemania que representaría la lenta introducción del 5G podría ser especialmente grave.

Aunque el país es el indiscutible titán económico de Europa, también es un rezagado digital. Alemania tiene algunas de las tasas de penetración más bajas para la banda ancha de fibra óptica entre las naciones industrializadas.

Un estudio realizado el año pasado reveló que ciudadanos de Albania navegan más rápido en sus teléfonos que en Alemania.

Difícil dilema el que tienen Alemania y Europa ante las amenazas de Trump.