En la actualidad vivimos una época muy cambiante en cuanto a características y hasta en nombre propio; los cambios constantes y radicales cada vez más acelerados, desafiantes y vertiginosos son el común denominador de todos los sectores de la sociedad. 

Klaus Martin Schwab, economista y empresario de origen alemán, fundador y presidente del Foro Económico Mundial, acuña el concepto de Cuarta Revolución Industrial encuadrando a que los negocios y empresas compiten en un entorno donde hay un aumento del tiempo libre, cambios en la gobernanza, cambios generacionales, tecnologías que traspasan barreras (físicas, digitales y biológicas), mayor interconectividad cultural, entre otras, donde la información es el nuevo insumo productivo.

En este marco de referencia, el emprendimiento encuentra su nuevo ambiente para nacer, crecer y competir, pero, al mismo tiempo, fungir como desarrollador e impulsor de la economía de los países y mitigador de problemáticas sociales. Nada más en México, un país considerado dentro del grupo de las economías emergentes, las micro, pequeñas y medianas empresas generan 72% de los empleos formales y constituyen 52% del Producto Interno Bruto (PIB) del país. En México, existen más de 4.8 millones de microempresas, que tienen activos totales hasta de 500 salarios mínimos mensuales legales vigentes y cuentan con 10 o menos trabajadores, que aportan 41.8% del empleo total del país, producen 15% del PIB nacional y representan 95.2% del universo de las unidades económicas, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) y la Secretaría de Economía.

El emprendimiento es una actividad envuelta en una capa de misticismo y enigma que hasta el mismo término es controversial; para algunos autores el concepto emprendedurismo es una traducción literal de la palabra en idioma inglés entrepreneurship y, según la Real Academia Española (RAE) y el Glosario de Inversión de Impacto (documento elaborado por la Ashoka, Aspen Network of Development Entrepreneurs, Factual y Promotora Social México), la forma correcta a emplear es emprendimiento en vez de emprendedurismo. En México, el ecosistema emprendedor cuenta con muchos puntos a favor para poder desarrollarse. Según el Reporte Global del Emprendedor (publicado por Amway), nuestro país ocupa el segundo lugar con mayor factibilidad para desarrollar el emprendimiento, sólo por debajo de China. En este reporte, se mostró que ocho de cada 10 mexicanos cuenta con las habilidades y recursos para poder iniciar un negocio. En cuanto a políticas públicas, México, a través del gobierno federal, apuesta fuertemente por el desarrollo de nuevos negocios; la estabilidad económica y la apertura comercial son la carta de presentación para el desarrollo de esta actividad. A su vez, el Instituto Nacional del Emprendedor incorpora programas de capacitación y apoyo a estas iniciativas, como son la Semana Nacional del Emprendedor y el Fondo Nacional del Emprendedor, entre otros.

Refiriéndose al apoyo privado, numerosas iniciativas se han desarrollado para promover eventos que reúnan negocios nacientes y potenciales startups. Se han formado comisiones y se han desarrollado incubadoras y aceleradores de negocio con el fin de apoyar y ofrecer un abanico de oportunidades al emprendedor mexicano.

Lamentablemente, los resultados no son del todo alentadores; según el Inegi, 80% de las nuevas empresas no sobrevive al segundo año de operación y del restante 20% menos de la mitad sobrevive al quinto año de operación. Un proyecto emprendedor mal elaborado, poca capacitación, falta de habilidades y poca utilización de diversos apoyos son las causas principales de tales fracasos.

Las universidades públicas y privadas son donde se concentra la mayor cantidad de jóvenes y son espacios donde se pueden gestar las siguientes ideas innovadoras y los nuevos emprendimientos. La Universidad Simón Bolívar ha desarrollado una serie de esfuerzos, con el objetivo de apoyar en las etapas iniciales y convertir ideas en planes y modelos de negocio. En el nivel superior, se cuenta con materias transversales en todos los planes y programas de estudios, los cuales se encargan de moldear y orientar las ideas de los jóvenes. En el nivel de posgrado, los planes y programas de estudios están orientados en profesionalizar las aptitudes y talentos de los estudiantes en cuanto a habilidades directivas, herramientas cuantitativas y cualitativas.

El autor es Coordinador académico de las maestrías en Ciencias Administrativas y en Administración de Sistemas de Productividad y Calidad de la Universidad Simón Bolívar.