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Finanzas Personales

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El malentendido de invertir en dólares (Parte 2 de 2)

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Joan Lanzagorta | Patrimonio

Joan Lanzagorta

En la primera parte demostramos que guardar dólares en efectivo no protege el poder adquisitivo de alguien que vive en pesos. Treinta años de datos lo confirman.

También mencioné que productos financieros que prometen “protección en dólares” como seguros de vida, educativos o de retiro denominados en esa moneda, tienen el mismo problema de fondo: tienen un valor fijo en dólares que también pierde valor en el tiempo. Porque recuerda: en Estados Unidos también hay inflación y un dólar de 1995 equivale hoy apenas a 48 centavos en poder adquisitivo real.

Eso me lleva a la pregunta que dejé pendiente: ¿Es malo invertir en dólares?

No, para nada. Pero hay que entender una distinción que mucha gente no hace y que cambia completamente la conversación.

Una cosa es comprar dólares y guardarlos. Otra muy distinta es invertir en activos denominados en dólares.

Cuando guardas dólares — en efectivo, en una cuenta, o en un producto que simplemente los conserva — ya vimos lo que pasa. El tiempo los erosiona.

Cuando compras activos denominados en dólares (acciones de empresas o instrumentos indexados de bajo costo, que replican índices de los mercados globales) estás haciendo algo completamente diferente.

No estás apostando a la moneda. Estás comprando una participación en negocios que generan valor, que tienen clientes, que venden productos, que generan ganancias y crecen. La moneda en la que cotizan sus acciones es casi lo de menos.

En este espacio he dicho muchas veces que hoy por hoy, para la mayoría de las personas, el vehículo más eficiente y accesible para hacer eso es un ETF indexado de bajo costo.

Un ETF es simplemente un fondo que cotiza en bolsa y que replica un índice — una canasta de muchas acciones. Entonces no tiene un gestor que cobre comisiones elevadas por intentar “ganarle al mercado”.

De hecho, la evidencia es contundente (como también ya he demostrado anteriormente): muy pocos gestores logran ganarle al mercado de manera consistente en el largo plazo. Y los que lo intentan cobran bastante caro.

Si es difícil ganarle al mercado y si muchos “expertos” no lo logran, la gran mayoría de las personas estaremos mejor con un ETF indexado que hace exactamente lo que promete — replicar el mercado — a un costo mínimo.

Un ejemplo que ya he mencionado en otras columnas es el VT - Vanguard Total World Stock ETF. Contiene más de 9,000 empresas de todo el mundo: Estados Unidos, Europa, Asia, mercados emergentes. Con un solo instrumento tienes exposición a prácticamente toda la economía global. Su comisión anual es de apenas 0.07% — eso son 70 pesos al año por cada 100,000 invertidos.

Sé que no es para todos, pero me gusta porque un portafolio simple, minimalista, de un sólo ETF altamente diversificado no requiere decisiones constantes ni rebalanceos periódicos. Uno sólo compra, cada vez que uno recibe un ingreso, independientemente de lo que está pasando en los mercados y se olvida.

Pero reconozco que hay personas con mayor aversión y otras más aventuradas, que preferirían otro tipo de portafolio. Todo esto está bien, siempre y cuando se mantenga la constancia, la disciplina y el control del riesgo.

Afortunadamente, muchos de estos instrumentos (acciones de empresas extranjeras, ETFs globales de bajo costo) cotizan en México, a través del Sistema Internacional de Cotizaciones (Mercado Global BMV). Eso significa que se pueden comprar directamente desde una casa de bolsa en línea, regulada en México, lo cual ayuda porque además emiten constancias fiscales que nos hacen la vida más fácil en la declaración anual.

Pero ojo: mucha gente se confunde y en lugar de ETFs de bajo costo, compra “fondos indexados” de alto costo. Otros sí incorporan ETFs, pero lo hacen a través de productos o intermediarios que añaden comisiones y costos innecesarios, lo cual es un gran error.

Hay empresas que cobran comisiones por administración anual de cuenta, por custodia, por información en tiempo real o un porcentaje anual sobre activos. Todo esto se puede evitar. Son gastos que no necesitas pagar cuando ya tienes un ETF que hace todo el trabajo por sí sólo (y que a largo plazo pueden sumar mucho dinero).

Elige intermediarios que sólo cobren una comisión por compra o venta - la cual no debe ser mayor al 0.25% más IVA sobre el importe de la operación. Pero ninguna otra.

El problema no es el dólar en sí. Es confundir ahorrar (guardar) con invertir. El efectivo — en cualquier moneda — pierde poder adquisitivo con el tiempo. Lo que construye patrimonio son los activos: empresas reales, índices diversificados, instrumentos que generan valor.

Afortunadamente, hoy en día la tecnología permite acceder a eso de forma fácil, barata y eficiente, desde México. Ya no hay pretexto.

Joan Lanzagorta

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia. Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com

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