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Finanzas Personales

Lectura 5:00 min

Gastar antes de gastar

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Joan Lanzagorta | Patrimonio

Joan Lanzagorta

Uno de los primeros conceptos que aprendí sobre finanzas personales fue la importancia de pagarme primero a mí mismo, antes que a todos los demás. También aprendí a considerar el ahorro como un gasto: dinero que ya tiene un destino. A pesar de ser una idea que se ha vuelto muy popular, que mucha gente ha escuchado, me parece que no todos entienden aún lo poderosa que es.

El ahorro sirve para muchas cosas: para iniciar nuestro fondo para emergencias, para alcanzar una meta, invertir y construir patrimonio, para enfrentar gastos que sabemos que vendrán. Por ejemplo, los gastos irregulares.

Todo eso tiene algo en común: es separar dinero hoy para preparar el futuro. Es gastar antes de gastar.

Para entenderlo mejor, veámoslo en el contexto de los gastos irregulares, que muchas veces causan desequilibrio financiero en personas y familias y las obligan a adquirir una deuda para salir del paso. ¿Te ha sucedido? A mí sí, y no es agradable. Pero he aprendido de ello.

¿Por qué la gente no anticipa sus gastos irregulares? ¿Por qué no se prepara para ellos? Hay varias razones, pero una de las más importantes es que mucha gente vive al día. Se enfoca en resolver lo que tiene enfrente hoy y deja de lado el futuro. Para el mañana, “ya veré qué hago”.

Así, su atención se va a lo que hay que pagar esta quincena: la renta, la colegiatura, la tarjeta. No tienen en la mente el predial que habrá que pagar en enero o la tenencia en marzo, porque no es urgente. El problema es que, cuando llega el momento, ya no hay tiempo de juntar el dinero. Entonces no queda más remedio que pedirlo prestado o pagarlo a “meses sin intereses”. De esta forma, un gasto que uno sabía que iba a llegar se termina pagando con deuda.

Claro: eso también le pasa a la gente que tiene un buen nivel de ingresos. Muchas personas ajustan su nivel de vida a lo que ganan: cuando el sueldo sube, compran un coche más caro, salen más a comer en restaurantes o se van de vacaciones a destinos más costosos. Al final del mes también les queda poco, como a quien gana mucho menos. Cuando llega el gasto irregular, tampoco están preparados.

Hay otra razón por la que la gente no anticipa sus gastos irregulares: tiene un costo emocional inmediato. Apartar dinero para pagar el seguro del coche dentro de nueve meses implica no podértelo gastar hoy en algo que quieres. El beneficio de ese ahorro no se ve hasta que llega el gasto; en cambio, la renuncia es inmediata. Cuando hay que elegir entre algo que queremos ahora y algo que vamos a necesitar después, el ahora suele ganar.

En el pasado, cuando era común manejar efectivo, la gente se preparaba mejor. Cuando mi abuelo recibía su salario, lo repartía en sobres: esto es para la renta, esto otro para la luz, etc. Pero también había un sobre para vacaciones, otro para el regreso a clases o para poder comprar medicinas si sus hijos se enfermaban. Solo se podía gastar lo que había disponible. Algunos sobres, como el del ahorro, eran intocables.

Mi metodología del plan de gastos está basada en esa idea, pero aplicada a la era del dinero electrónico. Cada vez que uno recibe su ingreso, no antes, uno se sienta y se hace esta pregunta: ¿qué es lo que necesito que este dinero haga por mí, antes de que me vuelvan a pagar? Se distribuye en categorías (sobres) y eso incluye tanto el ahorro como los gastos irregulares. Ese dinero no se toca y en muchos casos conviene separarlo, para no mezclarlo en la cuenta bancaria que uno usa para los gastos regulares.

Separarlo es como gastar antes de gastar. Ese dinero ya no está disponible. Ya se usó, aunque todavía no se haya entregado.

Parte de la metodología del plan de gastos consiste también en nunca ver el saldo de tu cuenta bancaria para tomar decisiones de gasto. Lo que debes ver es tu plan, porque es lo que te dice cuánto tienes disponible para gastar en cada categoría. Esa es parte del secreto. Desde luego, desarrollar esa habilidad toma tiempo, porque implica cambiar un hábito que por lo general está muy arraigado.

Los gastos irregulares se van pagando poco a poco. Es dinero que se va “gastando” cada mes. Así es mucho más fácil, porque cuando se presentan, el dinero está ahí, disponible. Sin causar desequilibrios y sin que nos obliguen a adquirir una deuda, que no es más que patear el problema para más adelante.

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Joan Lanzagorta

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia. Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com

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