Buscar
Finanzas Personales

Lectura 4:00 min

Alan Greenspan, el banquero que creyó en la autorregulación de los mercados

main image

Raúl Martínez Solares | Economía conductual

Raúl Martínez Solares

“El miedo y la euforia son las fuerzas dominantes, y el miedo es varias veces multiplicado el tamaño de la euforia”. Alan Greenspan, ex presidente del Banco de la Reserva Federal

Alan Greenspan falleció el pasado 22 de junio a los 100 años. Fue presidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos entre 1987 y 2006 y, en muchos sentidos, la figura más relevante de la política económica mundial de la época. En un artículo del New York Times, se señala que sus declaraciones movían los mercados; hablaba en un lenguaje críptico y los medios especializados intentaban interpretar todas las señales de su conducta.

Apenas unas semanas después de asumir el cargo, en octubre de 1987, el mercado bursátil se desplomó un 22.6 % en un solo día, más que en el Viernes Negro de 1929. En respuesta, la Reserva Federal de Greenspan inundó el sistema de liquidez, lo que contuvo relativamente el pánico, evitó un colapso bancario y que la economía norteamericana se afectara de manera profunda y duradera. Fue esa actuación la que le otorgó cierta autoridad moral en los años siguientes.

En los 90, antes que la mayoría de los economistas, entendió que la revolución tecnológica estaba generando ganancias de productividad que rompían con los modelos tradicionales. La economía podía crecer más rápido y con menor desempleo sin que eso disparara la inflación, como antes habría ocurrido. En parte por ello, mantuvo las tasas relativamente bajas y durante años pareció tener razón.

Sin embargo, después de concluido el mandato de Greenspan en el Fed, en 2008 el mercado hipotecario colapsó, los bancos cayeron (incluso los que se creía que eran “too big to fail”) y la economía global entró en la peor recesión desde los años treinta. Por ello, una conclusión fue que las decisiones que había tomado Greenspan y otras que había evitado eran, en parte, responsables de esta crisis.

Las críticas se centraron en dos aspectos. Primero, haber mantenido tasas de interés demasiado bajas durante demasiado tiempo, lo que alimentó la burbuja inmobiliaria. John Taylor lo analizó en su paper de 2009, “The Financial Crisis and the Policy Responses: An Empirical Analysis of What Went Wrong”, y concluyó que, si la Reserva Federal hubiese seguido los parámetros más prudentes que habían funcionado en las décadas anteriores, se habría evitado tanto el auge como el derrumbe inmobiliario. El segundo aspecto se refería a que, en 1998, Brooksley Born, titular de la Comisión Reguladora de Futuros, propuso medidas para aumentar la transparencia del mercado de derivados financieros. Greenspan, junto con Robert Rubin y Lawrence Summers, se opuso a esa iniciativa y la bloqueó, porque sostenía que los mercados se autorregulan con mayor eficiencia que cualquier regulador gubernamental. Diez años después, esos derivados crearon una bomba atómica para el sistema financiero.

En 2013, Greenspan publicó “The Map and the Territory 2.0: Risk, Human Nature, and the Future of Forecasting”. Esa obra trata de responder por qué los modelos económicos (y Greenspan mismo) no previeron la crisis. Y la respuesta resulta incómoda para quienes, como él, creían en la autorregulación: los modelos fallaron porque asumían que los agentes económicos son racionales.

Durante décadas, el fundamento teórico de la visión de Greenspan descansaba en una premisa: las instituciones financieras no asumirían riesgos que pudieran destruirlas, porque hacerlo sería irracional; por lo tanto, no hacía falta que el gobierno interviniera para protegerlas de sí mismas.

Lo que la crisis demostró, y Greenspan reconoció, fue que los bancos y fondos de inversión actuaron impulsados por incentivos de corto plazo, por el efecto manada y por la ilusión irracional de que los precios seguirían subiendo. El sesgo del optimismo, el exceso de confianza y la incapacidad para reconocer e incorporar riesgos de baja probabilidad pero de alto impacto también estuvieron presentes. Todos estos fenómenos, que Kahneman, Thaler y Tversky habían documentado en el comportamiento humano, influyeron en las decisiones de la mayoría de las instituciones financieras más sofisticadas de EUA y del mundo.

Greenspan, el economista que durante dos décadas fue el paladín de la fe en los mercados, lo reconoció al declararse en un estado de "conmocionada incredulidad", ante el hecho de que el instinto de autopreservación de las instituciones financieras no hubiera operado como la teoría predecía.

Temas relacionados

Raúl Martínez Solares

El autor es politólogo, mercadólogo, financiero, especialista en economía conductual y profesor de la Facultad de Economía de la UNAM. CEO de Fibra Educa y Presidente del Consejo para el Fomento del Ahorro Educativo.

tracking reference image

Últimas noticias

Noticias Recomendadas

Suscríbete