En el artículo anterior explicamos de manera general cómo funciona el mercado accionario y cómo se determina el precio de las acciones.

Recordemos que una acción es un título representativo del capital social de una empresa . En este sentido, cuando compramos una acción nos convertimos en dueños de una parte de esa empresa.

Entonces, a pesar de la volatilidad que pueda tener el mercado, en el largo plazo el desempeño de esa acción estará muy ligado al desempeño que ha tenido la empresa. Si ésta crece y cada día es más rentable tarde o temprano se verá reflejado en el precio de su acción. Pero si a esa empresa le va mal, sucederá lo mismo con su acción.

Por eso es importantísimo saber en qué empresas estamos invirtiendo y cuáles son sus expectativas. Pero también lo es diversificar. Una forma muy sencilla de hacerlo, para aquellos que no tienen el tiempo o conocimiento de seleccionar sus propias acciones, es a través de sociedades de inversión. De hecho, una forma de obtener el rendimiento promedio del mercado es a través de fondos que replican el comportamiento del índice.

Las ventajas de las acciones

Lo primero que uno debe saber acerca de las inversiones es lo siguiente: en el largo plazo, las acciones en su conjunto han ofrecido rendimientos superiores a casi cualquier otra clase de activo. En México, a pesar de crisis recurrentes, el mercado accionario ha ofrecido históricamente una rentabilidad real (por encima de la inflación), superior a 10% en promedio.

Desde luego, han existido también muchos periodos de alta volatilidad, en los cuales los precios han caído de forma desproporcionada. Aunque estas etapas suelen ser difíciles, es importante darnos cuenta de que el mercado se ha recuperado de cada una de estas bajas, incluso con mucha más fuerza, alcanzando nuevos máximos.

Por ello, la inversión en este mercado debe siempre verse con un horizonte de largo plazo. Esto significa que el dinero que se invierte en acciones debe ser aquel que se destine exclusivamente hacia el cumplimiento de metas de largo plazo.

Las grandes tragedias personales y familiares que se han dado en el mercado accionario han sido precisamente por no seguir esta regla. Antes del gran crack bursátil de 1987, la Bolsa Mexicana de Valores gozaba de una gran popularidad. Ante los grandes rendimientos que el mercado estaba ofreciendo, la ambición de mucha gente los llevó a invertir su dinero de corto plazo en él (colegiaturas de sus hijos, su salario mensual, etcétera). Hubo incluso personas que hipotecaron sus propiedades para invertir en la Bolsa el dinero de esos créditos.

El crack significó que de un día a otro muchas acciones perdieran gran parte de su valor. En ese momento, las personas que lo habían apostado todo al mercado fueron las que vieron desaparecer en cuestión de segundos todo su patrimonio. Los hijos seguían en la escuela, las hipotecas tenían que pagarse. Dadas sus necesidades de liquidez, estas personas tuvieron que vender sus acciones en el peor momento. Como no era dinero de largo plazo, no pudieron quedarse dentro del mercado para experimentar la gran recuperación que se dio en los años subsecuentes.

Por el contrario, quienes permanecieron en él, pacientes y conocedores, no sólo vieron de nueva cuenta cómo estas acciones recuperaban su valor, sino que gozaron de los extraordinarios rendimientos que, a pesar de esa gran baja, terminaron siendo superiores a cualquier otra alternativa de inversión.

El mercado accionario ?tiene ciclos

Si hay algo que hemos aprendido de observar a los mercados accionarios durante sus dos siglos de historia es que son increíblemente cíclicos. Sufren algunos periodos malos, pero siempre regresan. Siempre.

De hecho, mientras más tiempo permanezca una persona dentro del mercado, mayores probabilidades tiene de experimentar sus beneficios.

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