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Finanzas Personales

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No decepcionar

México es hoy un destino natural de inversiones; es un país cuyos números y sobre todo sus finanzas públicas son envidiables en comparación con la gran mayoría de los países desarrollados.

Estimado lector: México es hoy un destino natural de inversiones; es un país cuyos números y sobre todo sus finanzas públicas son envidiables en comparación con la gran mayoría de los países desarrollados.

Es impresionante ver cómo los editorialistas y mayores diarios de circulación financiera internacionales –quizá sobre todo en Estados Unidos destacan que la siguiente potencia de Latinoamérica podríamos ser nosotros. Llama mi atención cómo transcurridos 100 días de gobierno han tenido lugar acontecimientos que por más de una década estuvieron en una parálisis total y ahora se están dando como la reforma educativa, la detención de personajes que parecían ser intocables, la modificación de estatutos del PRI en donde se prepara y se allana el terreno tanto para una reforma energética como para una reforma fiscal.

México avanza

Todo parece indicar que México sube a un tren de crecimiento, el cual nos encantaría se pareciera a lo que Brasil hizo hace más de 10 años.

Nosotros hemos crecido en la última decada a una tasa de 2.3% promedio, muy por debajo de 6.5% que han crecido los países emergentes a los que nos parecemos; ésta debe de ser la verdadera prioridad del gobierno actual y de las siguientes administraciones, sólo desarrollándonos por arriba de 6% consistentemente lograremos sacar a decenas de millones de mexicanos que continúan viviendo en la extrema pobreza.

Lo importante es no decepcionar, ya que no sabemos ni conocemos la profundidad y el alcance de lo que será una reforma energética, en donde, si le llamamos reforma, es porque realmente permitirá la transformación de Pemex y del sector energético, o bien, puede ser una reforma light cuya contribución al crecimiento de la industria y del país sería mínima. Por otro lado, tampoco sabemos si habrá una reforma fiscal cuyos cambios verdaderamente contribuyan de manera importante a la recaudación como porcentaje del PIB, o si de nuevo veremos una miscelánea cuya contribución sea marginal.

Todo parece indicar que los cambios van a ser estructurales, pero no podemos confiarnos porque conocemos las posturas de la oposición; ahora, incluso quienes siempre habían apoyado las reformas fiscal y la energética, al no estar ya en el poder, se oponen a ellas.

Esta actitud de boicot de la oposición también prevaleció en los dos sexenios anteriores. Hay mucha inversión extranjera por venir y muchas cosas buenas que pueden suceder para México, siempre y cuando sigamos por esta ruta que parece marcar la nueva administración, pero también hay que estar conscientes del gran riesgo que tiene nuestro país de perder miles de millones de dólares que hoy están invertidos en productos financieros y que podrían salir de un día para otro si decepcionamos y no llevamos a cabo lo que tanto se ha presumido y prometido al mundo.

Todos los avances que tengamos de ahora en adelante no surtirán un efecto de crecimiento inmediato, es decir, aun llevando a cabo la más profunda reforma energética y fiscal no creceríamos en el 2014 a 6%, el efecto positivo tendría un impacto dentro de tres o cuatro años.

Esto significa que aquello que la administración pública federal haga hoy, muy probablemente dará frutos el próximo sexenio; si esto lo tuvieran claro todos los partidos políticos seguramente le apostarían a estos cambios con la posibilidad de cosechar los buenos resultados, ante un posible triunfo, de quien entonces se encuentre en el poder.

jmusi@finamex.com.mx

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