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La racionalidad detrás de un regalo
En un estricto sentido de racionalidad económica, los regalos navideños son generalmente un gasto inútil. ¿Por qué? Porque en un elevado porcentaje, se trata de obsequios que no satisfacen plenamente a quienes lo reciben y el receptor del regalo tiende a asignar un valor menor al que intrínsecamente tiene el presente.
En un estricto sentido de racionalidad económica, los regalos navideños son generalmente un gasto inútil. ¿Por qué? Porque en un elevado porcentaje, se trata de obsequios que no satisfacen plenamente a quienes lo reciben y el receptor del regalo tiende a asignar un valor menor al que intrínsecamente tiene el presente.
Desde una perspectiva conductual, los regalos son un mecanismo de reforzamiento de vínculos sociales y/o afectivos. Una persona regala para generar una respuesta o una impresión en la persona a la cual le regala. Esto no significa que todos tenemos un trasfondo egoísta al regalar; pero si regalamos para demostrar nuestro amor, la percepción que buscamos reforzar es precisamente que la persona se sienta amada.
En sentido contrario, al recibir el regalo y valorarlo, las personas establecen una percepción del valor que creen que la otra persona asigna a su relación. Aún tratándose de intercambios forzados mediante sorteos, este factor está presente. Consecuentemente, en los casos en que la persona percibe en el regalo que recibe un menor valor al que efectivamente invirtió quien lo regala, el retorno de esa inversión será negativo.
Al hablar del valor no me refiero al valor monetario de las cosas, también contemplamos otras formas de valor relevantes para una relación. Una de ellas, por ejemplo, es qué tan pensado es el regalo. Todos recordamos haber recibido algo que -supusimos- era un roperazo o cuando nos regalaron algo que consideramos un genérico , y sin importar lo valioso terminamos con la impresión de que la persona no invirtió en pensar algo que nos gustara.
Otra forma de asignar valor es el tiempo; una persona que está muy ocupada y dedicó un tiempo importante a buscar y seleccionar un obsequio trasmite la noción emocional de que la receptora de su regalo vale ese tiempo y se incrementa el valor del obsequio.
De la misma manera, un regalo que se escogió o pidió con anticipación también tiene ese efecto positivo y dar la impresión de que se compró el regalo en el último momento genera un efecto negativo.
¿Cómo podemos elevar el retorno de nuestra inversión?
Las soluciones económicamente más racionales, simples y prácticas -dar dinero como regalo o preguntar qué se quiere- no son, necesariamente, las mejores alternativas para hacer que el regalo sirva para fortalecer los lazos emocionales, precisamente, porque eliminan ese componente de valoración que está asociado a dedicar tiempo y escoger un regalo pensando en la persona. Tampoco existe una relación directa entre el valor económico y el efecto del regalo.
Tratándose de relaciones familiares o personales, en la mayoría de los casos el costo no necesariamente generará un efecto mayor en la relación. Es más, las personas tienden a contextualizar la capacidad económica de quien regala y es posible que asignen un mayor valor emocional relativo a un obsequio de menor costo si viene de alguien con menor capacidad económica.
De esta manera, si usted quiere maximizar el retorno emocional de su inversión por un regalo, recuerde lo siguiente:
Dedique tiempo a decidir y conseguir el regalo: hoy le quedan tres días para Navidad y puede ser tiempo más que suficiente, a menos que piense elaborar usted mismo una escultura en mármol.
No compre algo que piense que la otra persona necesita . Los regalos de mayor relevancia emocional son aquellos que no compraríamos por nosotros mismos.
Recuerde que obsequios que perduran tienen un efecto más prolongado que algo que sólo se usa o consume una vez. Una botella de vino lo hará ser recordado por un par de horas en algún momento en el futuro (a menos que regale un Petrus Pomerol 1998 y la persona sea un coleccionista), pero un CD de música difícil de conseguir hará que lo recuerden por muchos años.
Finalmente, trate de pensar como la otra persona, en sus gustos y en sus deseos; en función de eso, decida el regalo y al momento de regalar explíquele cómo llegó a esa decisión.
Estas reflexiones y recomendaciones podrán sonarle un poco frías y cínicas en esta época navideña, pero buscan ser precisamente lo contrario: pretenden que su inversión en regalos tenga un mejor rendimiento en donde realmente importa: en los sentimientos de las personas a quien usted aprecia... Y ahorrarle dinero al mismo tiempo. Esta colaboración se reanudará hasta el 4 de enero. Felices fiestas.
*El autor es Director Comercial y de Mercadotecnia de Mexicana de Becas, Fondo de Ahorro Educativo.