“El momento para disponer de los bienes no es a la entrada al quirófano, al pie de un avión o en el lecho de muerte, sino cuando la persona está bien de salud, concentrada, cuando puede tomar decisiones con calma y bien reflexionadas; no se necesita sólo tener la capacidad mental, sino tranquilidad para hacerlo”, aseguró Miguel Ángel Beltrán Lara, presidente del Colegio de Profesores de Derecho Civil de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), durante la conferencia Testamento, garantía de tranquilidad.

Los especialistas de la Facultad de Derecho aseguraron que se trata del acto más importante de soberanía de cada persona, pero a pesar de las campañas de difusión para dar a conocer lo sencillo que es realizarlo, el porcentaje de mexicanos que lo han llevado a cabo no llega ni a 20 por ciento. 

Con la pandemia el panorama ha cambiado un poco, explica Beltrán Lara, “se ha tomado más conciencia de que la vida no la tenemos comprada y de que se evitan problemas cuando se hace un testamento con el debido asesoramiento del notario”. 

A partir de este hecho se incrementó el porcentaje entre quienes otorgan el instrumento (30 y 50 por ciento). “Antes de la pandemia, firmábamos tres o cuatro veces más testamentos en septiembre, que los que firmamos en un mes ordinario”. Pero con la emergencia sanitaria esta tendencia se ha visto a lo largo del año. Cuando bajan los casos de contagio son dos o tres al día. Si suben, la gente se queda en casa y no salen a hacer ese trámite.

Los especialistas aseguran que la única forma sólida, consistente y blindada de hacer un testamento es ante notario. Cuando se utilizaban otras figuras, como el ológrafo o manuscrito. “Aunque hubiera otras maneras de hacerlo, la mejor para testar es en una notaría”.

¿Qué es un testamento?

El testamento es el acto mediante el cual una persona dispone libremente en qué forma y a quién o a quiénes se destinarán sus bienes para después de su muerte. Abarca los bienes que tenga una persona al momento de su fallecimiento, estos pueden ser propiedades, autos, colecciones artísticas, entre otros. 

Por ejemplo, para evitar conflictos, una persona puede dejar a un hijo la casa y al otro el departamento; en este caso estamos frente a una figura conocida como el legado, que surge cuando se quiere dejar un bien específico a alguien determinado. También es posible, sin especificar los bienes, nombrar a un ijo heredero de 70% y a otro, de 30 por ciento.

Por otro lado, el albacea lleva a cabo las gestiones para que se cumpla la voluntad de la persona que falleció, es decir, el testamento. Es un administrador de los bienes de los herederos. 

¿Qué pasa si no tengo un testamento?

Cuando no hay testamento, se deben aplicar las reglas que la ley contiene para dar esa continuidad. Los primeros llamados a heredar son los descendientes, es decir, los hijos, y si no los hay, los nietos. Después se dan combinaciones entre la pareja, los hermanos y hasta llegar a parientes consanguíneos colaterales de cuarto grado, como primos, tíos abuelos o sobrinos nietos.

Sin embargo, con un testamento se garantiza que tus bienes se puedan transmitir en forma ordenada y pacífica a quienes tú decidas.

¿Cómo conseguir mi testamento?

De acuerdo con Jorge Alfredo Domínguez Martínez, expresidente del Colegio de Profesores de Derecho Civil, cualquier persona tiene a su alcance ese recurso a partir de los 16 años.

En México existen más de 4,400 notarías, por lo que todos contamos con un notario cercano que pueda asesorarnos y otorgarnos certeza jurídica. 

El costo de un testamento generalmente es de 5,000 a 6,000 pesos, pero en septiembre es de 2,798 pesos, a fin de que la población proteja su patrimonio y a sus seres queridos.

Domínguez Martínez agregó que el testamento es revocable en cualquier momento, siempre y cuando la persona esté en condiciones mentales de hacerlo.

nelly.toche@eleconomista.mx