La fragilidad financiera es un parámetro que tiene estándares distintos según la región de la que hablemos, pero en términos generales, se trata de todos aquellos riesgos que pueden desestabilizar nuestra situación patrimonial, como un imprevisto médico o un accidente automovilístico.

Según un estudio del Global Financial Literacy Excellence Center (GFLEC), realizado por The George Washington University, la fragilidad financiera se traduce en términos de qué tanta liquidez puede tener una persona (es decir, si puede disponer de manera rápida de efectivo para solventar un imprevisto sin endeudarse, por ejemplo).

Por ejemplo, en el caso de Estados Unidos, el centro considera que la situación de una persona es vulnerable cuando no puede reunir de manera inmediata un gasto de 400 dólares (alrededor de 8,000 pesos) para hacer frente a emergencias, o cuando se ve imposibilitado de reunir 2,000 dólares en 30 días (aproximadamente 40,000 pesos).

En aquél país, 36% de la población se vería en problemas en ambos escenarios.

En México, los gurús de las finanzas personales usualmente refieren que una persona debería contar con un ahorro de al menos tres meses de sus gastos corrientes para hacer frente a imprevistos.

¿Qué lo provoca?

Según el estudio, hay causas que inciden de manera directa en la estabilidad patrimonial de una persona, mientras que otros factores como la situación familiar o laboral pueden tener distintos tipos de efectos.

En lo que se refiere a las causas más directas, el estudio divide estos factores en dos segmentos: la carencia de activos y las deudas.

En el primer caso, el estudio refiere que “los hogares financieramente tienden a carecer de activos que, en el caso de las familias más estables, ya se dan por sentado”.

Este tipo de activos van desde una casa (por su plusvalía y debido a que no se está sujeto a los precios de alquiler del mercado); contar con productos financieros (para tener un historial crediticio y acceder a financiamientos con buenas condiciones) y contar con una cuenta de ahorro para el retiro (para que el efecto inflacionario no consuma el poder adquisitivo de una pensión, si es que ya se está reuniendo).

Asimismo, el estudio hace énfasis en la importancia de contar con un seguro para evitar fuertes costos de reparación ante imprevistos relacionados con el hogar, automóvil o salud; y las tarjetas de crédito, que son un producto de financiamiento de corto plazo que podrían sacar de un fuerte apuro siempre que se usen responsablemente.

Por otra parte, el rubro de las deudas es particularmente preocupante en todas sus modalidades; mientras que los montos morosos de una tarjeta de crédito nos dejan un margen muy limitado de financiamiento (y una mancha en nuestro historial crediticio), otras deudas como las médicas y estudiantiles también pueden incidir en la capacidad adquisitiva de una persona.

Finalmente, otros rubros como el nivel educativo, estado civil, situación laboral, tener hijos e incluso la etnicidad (los hispanos son la segunda minoría más vulnerable sólo por detrás de los afroamericanos) son factores que parecen incidir en la estabilidad patrimonial.

Los efectos de la fragilidad financiera se traducen en cuatro prácticas que son potencialmente dañinas: trabajar más para tener mayores ingresos; usar medios alternativos de financiamiento (empeños, préstamos rápidos); pedir prestado a amigos y familiares, e incluso vender algunos activos en efectivo.

Estas prácticas tienen efectos negativos a corto y largo plazo, que van desde cuestiones de bienestar físico y mental; caer en más deudas por no solucionar el problema de raíz, y reducir e incluso extinguir su patrimonio para pagar adeudos, entre otros.

Educación financiera, la respuesta

Los datos del estudio refieren, de manera muy clara, que la educación financiera reduce significativamente la probabilidad de que las personas caigan en una situación de fragilidad financiera.

De las personas que no cuentan con conocimientos financieros básicos, 42% se encuentra calificada como financieramente frágil, contrario a 22% de quienes si tienen una cultura financiera.

Esta tendencia se mantiene en todas las edades y niveles educativos, lo que significa que no importa si una persona es joven o vieja, o tiene la secundaria concluida o un doctorado, una educación financiera implica una menor vulnerabilidad.

Asimismo, quienes cuentan con cultura financiera tienen mayores probabilidades de planificar su jubilación, e incluso tiene un gran efecto en aquellas personas con bajos niveles educativos, ya que (en el caso de Estados Unidos) reduce la probabilidad de caer en una situación de fragilidad financiera hasta en siete puntos porcentuales.

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