La educación no es la preparación para la vida, es la vida misma.

John Dewey, filósofo y psicólogo estadounidense

Con mucha frecuencia y de forma periódica, surge como tema de discusión la importancia que tiene la educación para efectos del bienestar financiero de las personas. Ya sea como discusiones públicas o privadas, se analiza o simplemente se emiten juicios sobre la relevancia y el efecto que tiene la educación en la posibilidad de acceder a empleos mejor remunerados.

Este año, la OCDE publicó un avance de su documento anual Education at a Glance Interim Report para el 2015. En él, se presentan algunos datos duros que pueden ayudar a dar perspectiva a esta discusión, más allá de percepciones personales o juicios subjetivos.

Un primer importante dato que arroja el documento es que la información reportada muestra consistentemente que la tasa de empleo en los diferentes países miembros de la OCDE (de los que México forma parte) tiene una correlación significativa con el nivel educativo alcanzado por la población.

En términos generales, en promedio, para la población de los países miembros de la organización, la tasa de empleo para las personas que tienen educación superior es cerca de 85% (aun considerando el efecto de economías con elevadas tasas de desempleo actual como la de Grecia y la de España), mientras que para las personas que tienen educación menor a la secundaria, la tasa de empleo es apenas cercana a 55 por ciento.

En este mismo dato, específicamente para el caso de México, si bien no es tan amplia diferencia, sí muestra también consistentemente que, en promedio, quienes acceden a educación terciaria superior tienen mejores probabilidades de estar empleados.

De acuerdo con la estadística de la organización, en México la tasa de empleo de personas con educación terciaria es aproximadamente de 80%, mientras que para las personas que tienen educación inferior a la secundaria la tasa de empleo es de 65% (siendo apenas superior a 70% para quienes tienen educación preparatoria).

Más allá de los casos anecdóticos que todos podemos conocer, en términos estadísticos contar con educación superior aumenta las posibilidades de empleo.

Pese a ello, persisten diferencias importantes. Diferenciando por género, el estudio muestra que el desempleo entre jóvenes adultos con educación superior (entre 35 y 34 años) es en promedio para la población de los países que integran la organización, ligeramente mayor para las mujeres que para los hombres, siendo para las primeras, superior a 8% y para los hombres, menor, cercano a 7 por ciento.

En el caso de México, si bien la diferencia de tasa de desempleo es muy reducida para ambos géneros, es ligeramente mayor para hombres, estando en niveles ligeramente por debajo de 8 por ciento. Visto como tasa de empleo (que no suma sólo con la de desempleo para llegar a 100% porque falta considerar la población inactiva que no trabaja, pero tampoco busca empleo), la diferencia por género es más importante. En México, la tasa de empleo de hombres es cercana a 90%, mientras que la de mujeres es de aproximadamente 42 por ciento.

Del otro lado, en lo que se refiere a la tasa de desempleo por nivel educativo, México sí presenta una condición inversa (aunque en forma ligera) a la tendencia internacional. En la mayoría de los países, la tasa de desempleo tiende a bajar conforme aumenta la educación, mientras que en México la tasa neta de desempleo es ligeramente mayor en población universitaria que con educación primaria (5.3 contra 4.1 por ciento).

Este último dato no considera la calidad del empleo. Se estima que por cada año de educación superior, crece en cerca de 10% el salario probable promedio que alcanza una persona, en relación con quien no tiene educación superior.

Si bien en nuestro país existen serias carencias de empleo y en particular de empleos de calidad adecuada, la educación superior sigue siendo el medio más adecuado para mejorar las posibilidades de tener un empleo mejor remunerado.

De ahí la doble importancia que tiene el que las familias, por un lado, empujemos a nuestros hijos a entender y adoptar la educación como medio de crecimiento y como forma de vida permanente, y a planear con anticipación los efectos y necesidades económicas asociadas a proveerlos de este instrumento.

Sin ello, estaremos limitando seriamente sus capacidades reales de enfrentar los complejos retos del mercado laboral.

El autor es politólogo, mercadólogo, especialista en economía conductual y director general de Mexicana de Becas, Fondo de Ahorro Educativo. Síguelo en Twitter: [email protected]