El miedo es el ruido de estática que me impide escucharme a mí mismo .

Samuel Butler, escritor inglés.

Uno de los temas fundamentales a analizar cuando se pretende planear las inversiones personales es el relativo al riesgo. Implica no sólo entender el nivel de riesgo de los vehículos de inversión a los que tengamos acceso (partiendo de la premisa de que toda inversión inherentemente conlleva algún tipo de riesgo), sino comprender la sensibilidad al riesgo que de forma individual tenemos.

Evidentemente existen variaciones significativas respecto de las características de riesgo que tienen diferentes instrumentos de inversión. Pero, al margen de ello, un tema fundamental es entender lo que el riesgo de cada instrumento implica, cómo puede potencialmente manifestarse, y enmarcar ello dentro del nivel de aversión al riesgo que individualmente tenemos.

Lo anterior es en particular importante si entendemos además que el nivel de aversión al riesgo no es fijo, sino que varía a lo largo de nuestra vida, dependiendo de diversos factores que van desde el nivel educativo, el sexo y la edad, y que además cambia según factores coyunturales, como periodos de crisis económica que posiblemente enfrentamos.

PERIODOS DE CRISIS ALTERAN NIVEL DE AVERSIÓN AL RIESGO

De acuerdo con un estudio relativo al riesgo financiero publicado por el National Bureau of Economic Research, los investigadores Luigi Guiso, Paola Sapienza y Luigi Zingales concluyeron que los periodos de crisis generan cambios en el nivel de aversión al riesgo de los inversionistas, pero no sólo de aquéllos que enfrentaron pérdidas producto de dicha crisis, sino incluso también en quienes no fueron afectados por ella, volviéndose más conservadores para sus futuros movimientos.

La investigación reafirmó así conclusiones de estudios previos que encontraron que, a diferencia de lo que se planteaba en los estudios económicos clásicos, las emociones como el miedo pueden no sólo influir en el análisis racional de un inversionista, sino también rebasarlo por completo, anulando la orientación que puede generarnos el conocimiento, la información o la experiencia previa, alterando significativamente nuestras decisiones económicas.

Este tema es de particular relevancia en el entorno financiero actual por dos razones. La primera: el mundo y México enfrentamos en el 2008 una de las más severas crisis económico financieras de la historia, cuyas secuelas de muy diversa índole aún repercuten a nivel mundial.

La segunda se debe a que simultáneamente enfrentamos hoy un entorno donde los instrumentos considerados más seguros (los de deuda, antes conocidos como de renta fija) presentan rendimientos disminuidos, en muchos casos extraordinariamente bajos e incluso por debajo de la inflación, y que además son sujetos de una extraordinaria volatilidad en sus tasas, que puede llegar a generar una gran impresión de pérdida (como ocurrió en el 2013 con muchos de los portafolios de las siefores más conservadoras).

Tenemos así un público general inversionista que continúa afectado y buscando una posición de menor exposición al riesgo, que encuentra sólo la posibilidad de invertir en instrumentos que presentan retornos que no contribuyen al fortalecimiento y crecimiento considerable de su patrimonio personal y familiar, pero que además de todas maneras le producen una percepción de riesgo (por su volatilidad).

Por supuesto, me refiero al caso de personas que son inversionistas individuales y no a la visión que pueden tener los inversionistas institucionales o lo manejadores de fondos, aún cuando éstos tampoco están del todo exentos de estos fenómenos de conducta.

AFECTACIONES A TERCEROS TAMBIÉN GENERAN MIEDO

La sabiduría popular dicta que al que se quema con leche, hasta el jocoque le sopla . De acuerdo con los estudios comentados, en términos financieros no es necesario quemarse: basta con pensar que alguien más se quemó para provocarnos miedo.

Sin embargo, sólo entendiendo el riesgo real y eliminando en la medida de lo posible la estática que nos impide ver lo que financieramente nos conviene, podremos en este entorno tomar las decisiones que mejor beneficio nos reporten a nosotros y nuestras familias.

El autor es politólogo, mercadólogo, especialista en economía conductual y Director General de Mexicana de Becas, Fondo de Ahorro Educativo. Síguelo en Twitter: @martinezsolares