El riesgo es una palabra que a todos los mexicanos nos asusta mucho. Por diversas razones no nos gusta tomar riesgos y menos cuando se trata de nuestro dinero.

Sin embargo, el riesgo es uno de los aspectos principales en materia de inversiones: siempre está presente, incluso en aquellos instrumentos que consideramos más seguros.

Por ejemplo, si uno decide guardar su dinero bajo el colchón, estará corriendo el riesgo de robo o extravío, además de la pérdida en su poder adquisitivo, debido a los efectos de la inflación.

Por otro lado, si uno decide meterlo a una cuenta de ahorros en un banco es probable que suceda lo mismo y que en el mediano plazo no nos alcance para comprar lo que podíamos adquirir desde un principio.

En nuestro país, la percepción general de la gente es que el riesgo es la posibilidad de tener una pérdida. En finanzas esto no es totalmente cierto.

En materia de inversiones se puede definir al riesgo como la variabilidad que puede existir en los rendimientos esperados de nuestra inversión. Es decir, una inversión es más riesgosa cuanto más volátil sea.

Cuando uno invierte, ya sea en el mercado de dinero (Cetes, bonos, etcétera), capitales (principalmente acciones) o a través de sociedades de inversión, siempre enfrenta un riesgo, pero es uno que afortunadamente podemos medir y decidir si es o no para nosotros.

Una de las cosas que debemos aceptar es que, con el fin de obtener un mayor rendimiento en una inversión, tenemos que estar dispuestos a aceptar un riesgo mayor. Es decir, guardar nuestro dinero en un pagaré bancario ciertamente reduce nuestro riesgo, pero también nuestra recompensa potencial.

En cambio, invertir en ciertas acciones de empresas que cotizan en la Bolsa Mexicana de Valores incrementa la posibilidad de asumir fluctuaciones en el valor de nuestro portafolio, pero a la vez aumenta el rendimiento que podremos obtener.

En resumen el riesgo en un portafolio de inversiones es inevitable, pero puede ser medido y susceptible de ser manejado.

De hecho, el problema central de la teoría de inversiones consiste precisamente en averiguar cómo podemos maximizar los rendimientos de nuestro portafolio, dado el nivel de riesgo que hemos decidido asumir. Pero cómo saber qué nivel de riesgo es aceptable para nosotros. La respuesta es diferente para cada individuo. Existen diversos cuestionarios que podemos aplicar para tener una idea de cuál es nuestra tolerancia personal al riesgo.

Es importante no olvidar que el peor riesgo que toda persona puede enfrentar, sobre todo con sus metas a más largo plazo, es no hacer absolutamente nada con su dinero. Si uno no hace planes para su retiro, para la universidad de sus hijos o para el resto de sus metas financieras, y no ahorra e invierte para obtenerlas, lo más probable es que jamás pueda realizarlas.

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