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Explicador: ¿Se pueden predecir los sismos y terremotos?

El Segundo Simulacro Nacional 2026 pondrá a prueba este 19 de septiembre la respuesta ante un sismo. La ciencia puede calcular riesgos y probabilidades, pero aún no puede predecir cuándo, dónde y con qué magnitud ocurrirá un terremoto.

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Los simulacros permiten practicar la respuesta ante un sismo, pero no anticipan cuándo ocurrirá uno. Actualmente no existe un método científico capaz de predecir con precisión un terremoto.Ilustración EE: Nayelly Tenorio

Felipe Morales Fredes

México realizará este sábado 19 de septiembre el Segundo Simulacro Nacional 2026. A las 12:00 horas, tiempo del centro del país, se activarán los sistemas de alerta y más de 80 millones de teléfonos celulares podrán recibir el aviso del ejercicio, que contempla cinco hipótesis sísmicas para distintas regiones del territorio nacional.

Pero los sismos reales no pueden anticiparse de esa manera. Actualmente ninguna persona o institución cuenta con un procedimiento científicamente confiable para determinar la fecha, ubicación y magnitud de un futuro sismo.

Lo que sí pueden hacer los especialistas es estudiar el peligro sísmico, calcular probabilidades y, una vez iniciado un terremoto, utilizar sistemas de alerta para advertir de la llegada de las ondas sísmicas a determinadas zonas.

¿Qué significaría realmente predecir un sismo?

Hablar de predicción implica mucho más que afirmar que volverá a temblar en una región sísmica. Para que una predicción pueda considerarse como tal tendría que establecer tres elementos, según el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS por sus siglas en inglés), la fecha y hora del terremoto, el lugar donde ocurrirá y su magnitud.

Ninguna institución o persona ha conseguido desarrollar un procedimiento científicamente confiable para determinar esos elementos antes de un sismo. El Servicio Sismológico Nacional (SSN) señala que ni siquiera países con amplia capacidad científica y tecnológica han logrado desarrollar una técnica predictiva.

Esto se relaciona con la propia manera en que se producen los terremotos. Las placas tectónicas están en movimiento y, en sus zonas de contacto, la fricción puede mantenerlas atoradas mientras se acumulan esfuerzos en las rocas. Cuando esos esfuerzos superan la resistencia del material o la fuerza de fricción, ocurre una ruptura y la energía acumulada se libera repentinamente en forma de ondas sísmicas.

El problema para la predicción es que no se ha encontrado una señal previa que permita establecer de manera confiable que esa ruptura ocurrirá en un momento, lugar y magnitud determinados.

Se han estudiado posibles señales precursoras, desde cambios en el subsuelo y liberación de gases hasta alteraciones electromagnéticas o comportamientos inusuales de animales. Sin embargo, estos fenómenos no han demostrado proporcionar una señal suficientemente consistente para anticipar un terremoto.

¿Tiembla más el 19 de septiembre?

La coincidencia de varios sismos importantes en México un 19 de septiembre ha alimentado la percepción de que existe alguna relación entre esa fecha y la ocurrencia de terremotos. En 1985 se registró un sismo de magnitud 8.1 frente a las costas de Michoacán; en 2017 ocurrió uno de magnitud 7.1 entre Puebla y Morelos, y en 2022 uno de magnitud 7.7 al sur de Coalcomán, Michoacán.

Sin embargo, no existe evidencia científica de que septiembre o específicamente el día 19 tengan una mayor propensión a registrar un sismo de magnitud considerable, de acuerdo con el Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred).

México se encuentra en una zona de alta sismicidad y registra temblores todos los días, aunque generalmente son pequeños e imperceptibles para la población. La coincidencia de terremotos relevantes en una misma fecha no permite anticipar que volverá a ocurrir otro ese día ni convierte al 19 de septiembre en una fecha con capacidad predictiva.

Si no se pueden predecir, ¿qué sí puede saber la ciencia?

No poder predecir un terremoto concreto no significa que los científicos desconozcan dónde existe peligro de que ocurra uno.

Los sismólogos pueden calcular probabilidades sísmicas, es decir, estimar la posibilidad de que un terremoto de determinada magnitud ocurra en una región durante un periodo de años. Para ello pueden utilizar el registro histórico de la actividad sísmica, evidencias geológicas de terremotos antiguos y la acumulación de esfuerzos en las fallas.

También existen pronósticos para periodos más cortos en determinadas circunstancias. Después de un terremoto, por ejemplo, es posible estimar la probabilidad de réplicas porque éstas suelen seguir patrones conocidos y generalmente disminuyen en frecuencia y magnitud con el paso del tiempo.

La diferencia es importante. Una probabilidad puede indicar que existe determinada posibilidad de que ocurra un sismo en una zona durante un periodo, pero no permite afirmar que habrá un terremoto un día y a una hora específicos.

¿La alerta sísmica predice un terremoto?

No. La alerta sísmica se activa después de que el sismo ya comenzó.

El principio consiste en detectar rápidamente el movimiento mediante sensores y transmitir la advertencia por medios de comunicación que viajan más rápido que las ondas sísmicas. Esa diferencia puede proporcionar segundos de anticipación antes de que el movimiento llegue a determinadas localidades.

Por eso una alerta no informa que habrá un sismo en el futuro, sino que advierte sobre uno que ya está ocurriendo y que puede afectar posteriormente a otras zonas.

Tampoco debe confundirse esta alerta con el mensaje que recibirán los teléfonos durante el simulacro del 19 de septiembre. En ese ejercicio se enviará deliberadamente un aviso mediante el sistema de alertamiento por telefonía celular para poner a prueba los mecanismos de respuesta de la población ante una emergencia hipotética.

¿Por qué sirven los simulacros si los sismos no pueden predecirse?

Como no es posible conocer cuándo ocurrirá el próximo terremoto, los ejercicios de preparación ciudadana buscan reducir sus posibles consecuencias.

Los simulacros permiten practicar protocolos, identificar rutas de evacuación y puntos de reunión y revisar cómo responderían personas, familias, instituciones y autoridades ante una emergencia real.

El Segundo Simulacro Nacional de este 19 de septiembre contempla cinco escenarios según la región del país:

  • Zona centro: Sismo de magnitud 7.7 con epicentro en Tehuacán, Puebla.
  • Noroeste: Sismo de magnitud 7.1 con epicentro en Mexicali, Baja California.
  • Noreste: Sismo de magnitud 5.2 con epicentro en Ciudad de Allende, Nuevo León.
  • Península de Yucatán: Sismo de magnitud 7.0 con epicentro en Cabo Catoche, Quintana Roo.
  • Golfo de Tehuantepec: Sismo de magnitud 7.6 con epicentro en Tonalá, Chiapas.

Estas hipótesis no constituyen predicciones de que ocurrirán terremotos de esas características. Son escenarios diseñados a partir de información geofísica para practicar la respuesta ante fenómenos posibles en distintas regiones del país.

La imposibilidad de predecir los sismos cambia así el objetivo de la preparación. No se trata de conocer la fecha del próximo terremoto, sino de identificar los riesgos y saber cómo actuar cuando ocurra.

Felipe Morales Fredes

Periodista. Actualmente es el editor de El Economista online. Entre 2019 y 2023 coordinó Capital Humano en sus versiones en línea e impresa. Tiene una especialización en periodismo de finanzas y negocios, y en periodismo de datos. Conductor de Redacción 458, un videopodcast semanal de información de actualidad, y co-conductor del podcast Coffee Break, sobre temas del mundo del trabajo.

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