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Me voy: el superpeso

Aranxa Sánchez | Economista principal Bankaool

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Miguel Murguia

El dólar estadounidense sigue siendo la divisa de referencia global desde Bretton Woods, hace más de 80 años. Aunque se discuta sobre alternativas, como las monedas de los BRICS, la realidad es que el dólar marca la pauta.

A su vez, México es un país en desarrollo, pese a ser parte del G20; el peso mexicano no está en la cesta de monedas más relevantes: euro, renminbi, yen, libra y dólar, las cuales son la base de los Derechos Especiales de Giro (DEG) del Fondo Monterio Internacional (FMI).

Sin embargo, de acuerdo con la última encuesta trienal del Banco de Pagos Internacionales (BIS), el peso mexicano se ha convertido en una de las divisas emergentes más operadas: ocupa el lugar 14 a nivel global y es la tercera más negociada de países en desarrollo, solo detrás del renminbi y la rupia india.

Durante 2025, la debilidad generaliza del dólar impulsó la apreciación del peso; pero esa fortaleza no debe confundirse con un desempeño extraordinario de la economía mexicana. La moneda, más allá de ser unidad de cuenta, medio de pago y depósito de valor; funciona como barómetro psicológico de la salud nacional y símbolo de identidad colectiva. Cuando se aprecia, la ciudadanía percibe relevancia internacional y los gobiernos suelen exhibirla como prueba de éxito.

No obstante, detrás del “superpeso” está el carry trade: estrategia financiera global que pide prestado en monedas con tasas bajas para invertir en activos denominados en monedas con tasas altas. México fue atractivo en ese esquema.

En mayo de este año, Banxico realizó un recorte adicional a la tasa de referencia y con esto concluyó el ciclo de recortes iniciado en marzo de 2024. A su vez, la FED tuvo su último recorte en diciembre 2025 y el BCE en junio de 2025. Empero, a inicios de 2026 el conflicto en Medio Oriente, con impactos en el sector energético, ha presionado al alza los precios de los combustibles fósiles nivel global.

De tal manera, que el panorama ha cambiado; por lo que el BCE hizo su primer ajuste al alza en junio 2026 y la FED en septiembre 2026, mientras Banxico se encuentra en pausa. El diferencial de tasas se redujo a un nivel no visto en más de 10 años y el carry trade perdió brillo. El resultado: una depreciación del peso superior al 6% en un mes y básicamente volver al mismo valor que al cierre del 2025. Qué lástima, pero adiós, me despido de ti y me voy.

El mercado exige un tipo de cambio más cercano al promedio histórico de los últimos diez años. Más allá de la ilusión cambiaria, se necesita un cambio estructural para tener crecimiento económico y, con ello, que la percepción de la economía mexicana mejore (independientemente de la tasa de referencia).

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