México destaca en el top 20 de los países más inundables en el mundo, y Tabasco, cuando deja de ser un edén, es el estado más azotado por las crecientes en todo el territorio mexicano. Partido en tres por los dos ríos más caudalosos del país, Usumacinta y Grijalva, se halla siempre al borde del agua, literalmente, y en riesgo recurrente de una inundación.

Zurich, una de las empresas de seguros más consolidadas a nivel global, con presencia en México desde 1984, señala que las inundaciones pueden causar más estragos que un terremoto o que un huracán.

Allí están los datos: la creciente que desbordó el río Grijalva en el 2007 e inundó 80% del territorio tabasqueño sumó pérdidas por más de 3,000 millones de dólares, casi 30% del PIB estatal, y afectó a 1.2 millones de habitantes, de acuerdo con un estudio de la Cepal.

Esas cifras representan casi el doble de los daños materiales que dejaron los terremotos de 1985 en la Ciudad de México y el huracán Gilberto, en 1988, que azotó la península de Yucatán y alcanzó algunos estados del Golfo.

Un acercamiento nos lleva a las comunidades del municipio de Jonuta, Tabasco, que ni siquiera están georreferenciadas en el mapa, asentadas en las riberas de los ríos aledaños y rodeadas de pantanos y humedales, a dos horas de la cabecera municipal y a casi cinco horas de Villahermosa, la capital del estado. Algunas de ellas sólo son accesibles en cayucos a través del cauce fluvial. Cuando llega la creciente, estas comunidades quedan prácticamente incomunicadas y cualquier posibilidad de ayuda se antoja remota.

Resiliencia y empoderamiento

En alianza global con la Federación Internacional de la Cruz Roja y la Media Luna, la aseguradora suiza Zurich implementa desde el 2014 un programa de resiliencia ante inundaciones en Indonesia, Nepal, Perú y México, atendiendo dos ejes de su estrategia de responsabilidad social, que son la prevención de riesgos y el impacto comunitario.

Nathalie Darres, directora de Marketing y Comunicación de Zurich México, revela que, de acuerdo con sus estudios de vulnerabilidad, 20 millones de personas en el país están sujetas al riesgo de una inundación, y que tales eventos han incrementado su incidencia notablemente a nivel global en los últimos años debido al cambio climático.

Por ello Zurich ha impulsado este programa de resiliencia enfocado a ayudar a las comunidades a prevenir los riesgos, evitar la cuantía de pérdidas humanas y patrimoniales y a regresar a la normalidad después de la crisis, lo antes posible.

En México, su socio principal es Cruz Roja Mexicana, y el programa se concreta en 20 comunidades del municipio de Jonuta, inmersas en uno de los humedales más grandes del mundo.

Al expertise técnico de Zurich en análisis y medición de riesgos se suma la probada capacidad de movilidad y trabajo comunitario de Cruz Roja Mexicana, y juntos han desplegado un proyecto de laboratorio social que, mediante un proceso educativo, de adquisición de buenas prácticas y formación de brigadas comunitarias, busca el incremento de la resiliencia, la organización y sistematización de la experiencia de las propias comunidades y la transferencia de conocimientos, cuyo resultado más visible y de mayor alcance es el empoderamiento de las comunidades y el desarrollo de habilidades autogestoras frente a un desastre.

El Economista pudo constatar en el terreno el avance de este proceso en tres comunidades participantes en el programa. En Boca de San Antonio fuimos testigos de un simulacro, en el que un grupo de pobladores que forman la brigada se prepara y reacciona frente a una inundación, movilizando, auxiliando y coordinando a la comunidad. Hombres, mujeres, niños, jóvenes y adultos mayores asumiendo su papel con tal seriedad como si la emergencia en verdad estuviera presente.

También vimos cómo se organiza la comunidad de 15 de Mayo para llevar un registro puntual de la cantidad de lluvia y operar un sistema de alerta temprana mediante un semáforo que indica la medición del nivel de la creciente permitiendo el resguardo de bienes y el desalojo oportuno de la población. Los vecinos presumen con orgullo su plan de emergencia comunitaria elaborado por ellos a partir de su experiencia y gracias a la capacitación que han recibido en el programa.

Por su parte, la comunidad de Villa Chinal se organiza para construir unas estructuras de madera, que llaman tapescos, y que ayudan a poner a salvo a las aves de corral, esenciales para el sustento de las familias.

En estas 20 comunidades tabasqueñas funcionan 24 brigadas conformadas por vecinos y apoyadas por personal especializado y voluntarios capacitados por Cruz Roja Mexicana, quienes integran el equipo de terreno que comanda Mónica Flores, y que preparan a las brigadas comunitarias en educación para la prevención, rescate de víctimas, primeros auxilios, logística de protección civil, aseguramiento de los medios de subsistencia, protección de los bienes materiales y de los animales y gestión de recursos ante las autoridades gubernamentales.

Brenda Ávila Flores, coordinadora del programa de resiliencia por parte de Cruz Roja, narra que no fue fácil entrar a las comunidades y arraigar en ellas el proyecto. Fue difícil educar a contracorriente del asistencialismo habitual. En las comunidades había desconfianza hacia la Cruz Roja, nos asociaban con partidos políticos o con instituciones religiosas. ¿Qué nos traen? o ¿dónde está mi despensa? eran las preguntas frecuentes. Y al saber que no íbamos a repartir nada, se daban la media vuelta y se iban , recuerda.

Un campesino de Chinal, miembro de la brigada de su comunidad, corrobora la versión y relata lo difícil que fue convencer a sus vecinos para organizarse e integrarse al proyecto. Decían que si no nos daban despensas o alguna otra cosa no tenía caso. Batallamos mucho para cambiar ese modo de pensar. Estábamos acostumbrados a que otros vieran por nosotros .

Otro aspecto que Brenda Ávila valora que es que hoy los niños y los jóvenes van adquiriendo una cultura de la prevención. Las generaciones anteriores, los mayores, no tenían esa referencia, pero ahora desde pequeños van sabiendo la importancia de tener una brigada, de hacer un simulacro, de estar preparados, tener un plan de emergencia en la comunidad, y lo van incorporando a su vida cotidiana .

Nathalie Darres dice que la expectativa de Zurich ha quedado completamente rebasada: La experiencia fue mucho más allá de lo que pudimos haber imaginado en algún momento. La expectativa inicial era crear comunidades resilientes que estuvieran listas para enfrentar una situación de crisis. Pero hoy vemos aspectos de cohesión social, de empoderamiento comunitario e incluso de transmisión cultural de una comunidad a otra, que no habíamos previsto ni remotamente. Estamos aprendiendo mucho más de lo que habíamos esperado .

Cambio de paradigma

José Antonio Monroy, director general de Cruz Roja Mexicana, coincide con Darres y evalúa este experimento en términos de futuro de corto plazo: Ahora estas comunidades están preparadas, y ya saben qué hacer ante una inundación o ante cualquier otra situación de desastre y saben cómo gestionar sus necesidades .

Este programa significó un aprendizaje tanto para las comunidades, como para Cruz Roja y para Zurich, y lo más trascendente es que la experiencia y el conocimiento acumulados en este programa podrán transferirse y replicarse en otros estados y ante otras situaciones de emergencia. Eso para nosotros plantea un cambio de paradigma que se concretará en la nueva estrategia nacional de resiliencia de nuestra institución , asegura Monroy.

Esta alianza con Zurich, no como un donante sino como un socio, nos plantea el reto de potencializar nuestra capacidad de acompañamiento a las comunidades y de profesionalizar el servicio que brindamos. Cruz Roja es percibida todavía como una ambulancia, como una institución reactiva frente a situaciones críticas; la prevención y el trabajo comunitario no estaban en nuestra naturaleza. Nosotros mismos no éramos conscientes de la experiencia que hemos adquirido en nuestra labor de desarrollo comunitario y no hemos sabido comunicarlo adecuadamente.

Más allá del auxilio médico y de nuestra capacidad de reacción ante los desastres, Cruz Roja quiere ser una institución que trabaje en la cultura de la prevención, que transite de su faceta reactiva a un modelo de acompañamiento a las comunidades y de profesionalización de nuestro servicio, siempre centrado en las personas, por eso le estamos apostando a estas alianzas, como la que hoy tenemos con Zurich , concluye José Antonio Monroy.

El programa en números.

  • 24 brigadas.
  • 20 comunidades.
  • 526 brigadistas capacitados.
  • 1 semáforo de alerta temprana.
  • 30 pluviómetros.
  • 20 planes comunitarios de emergencia.
  • 1,251 planes familiares de emergencia.
  • 200 voluntarios capacitados en educación comunitaria.
  • 7,467 beneficiarios.

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