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Washington habla de Robert Mueller todo el tiempo, pero pocos lo han visto

Se trata del fiscal especial sobre la posible injerencia rusa en las elecciones estadounidenses del 2016.

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The Washington Post

Washington.- Mueller. Mueller. Mueller. Mueller. Mueller. Mueller. En todas partes, a cualquier hora, es hora de Mueller.

El abogado especial Robert Mueller es el segundo hombre más famoso de Washington. La revista Time lo ubicó en el puesto número 3 en su lista de Persona del año. Es imposible pasar un día en esta ciudad sin escuchar o leer el nombre de Mueller. Pasará a la historia, para bien o para mal, como una de las figuras clave de la era Trump.

A pesar de ello se trata de un hombre que rara vez habla y que rara vez se deja ver. Es, al mismo tiempo, omnipresente y ausente, ineludible pero esquivo, el yang invisible del yin dorado de Trump.

“El silencio de Mueller ha invitado a ruidosas especulaciones de sus críticos y de sus seguidores”, escribe Time. “Para los críticos de la derecha, él es un exagerado fiscal que está borracho de poder y de vagar más allá de su tarea en un claro intento por sacar a Trump de su cargo. Para los liberales, él es un héroe cruzado que no renunciará hasta que lleve al Presidente ante la justicia”, continúa.

“El entorno narrativo alrededor de este personaje lo describe más como un mito que como un hombre”. De manera paradójica, Mueller se convierte en un objeto de fascinación.

Son muchas más personas las que han visto a Robert De Niro interpretando a Mueller en Saturday Night Live que al propio Mueller.

“Siempre bromeo diciendo que Bob Mueller ha rechazado más solicitudes de entrevistas que la mayoría de los protagonistas políticos de Washington”, dijo Garrett Graff, autor de The Threat Matrix: Inside Robert Mueller´s FBI and The War on Global Terror.

Contrariamente a todo lo que el presidente tuitea, Mueller es y siempre ha sido, probablemente, la persona más apolítica de la ciudad. “Hace todo lo que puede para evitar atraer a la opinión pública”, aseguró Graff.

Mueller se contenta con ser respetado dentro de un pequeño círculo de amigos y colegas cercanos.

Eso es raro en una ciudad llena de expresidentes con suficientes egos para flotar acorazados, como comentó el exsenador Alan Simpson. A los políticos les encantan las cámaras y las redes de Twitter e Instagram, pero la única declaración pública de Mueller como asesor especial se produjo el 17 de mayo del 2017, el día que fue nombrado fiscal: “Acepto esta responsabilidad y la cumpliré lo mejor que pueda”, afirmó en aquella ocasión.

Tribunal de la opinión pública

“Como todos los directores del FBI que he conocido, incluyéndome a mí, Bob no está dispuesto a probar su caso ni a presentar sus pruebas ante el tribunal de la opinión pública”, sostuvo William Webster, el único hombre que ha encabezado tanto el FBI como la CIA. “Así no es como funciona nuestro FBI. No es así como funciona Bob Mueller.

“El problema es que deja espacio abierto para los malentendidos y, en mi opinión, crea una atmósfera circense en torno a casos de importancia crítica”, agregó.

Kenneth W. Starr, el abogado independiente que investigó al presidente Bill Clinton, tuvo un enfoque diferente. Habló con los periodistas durante los cinco años que duró su trabajo, con la esperanza de ayudar a los estadounidenses a comprender mejor los motivos de la investigación.

“Las relaciones entre los fiscales y la prensa son intrínsecamente difíciles y sensibles. Un fiscal federal ejerce importantes poderes y, por lo tanto, siempre debe ser responsabilizado por el pueblo estadounidense. Esa responsabilidad conlleva, en mi opinión, un rol de proporcionar información pública... sin transgredir limitaciones importantes, especialmente la protección del secreto del gran jurado”, refirió.

Leon Panetta, exjefe de Personal de la Casa Blanca y jefe de la CIA, indicó que existe una razón de peso en el silencio de Mueller: no quiere darle al presidente Trump ninguna munición que pueda comprometer el caso. “Realmente siente que la integridad de la investigación debe ser protegida y no permitir que el presidente la socave”, expuso.

Según Starr, Mueller puede estar actuando con mucha precaución para evitar caer en el enfoque inapropiado del exdirector del FBI, James B. Comey, que al ser despedido por Trump publicó un libro en el que incluye detalles de conversaciones que tuvo con el presidente, y quiere que los resultados de su investigación hablen por sí mismos.

El temperamento y su experiencia profesional han hecho que Mueller prefiera ser juzgado por sus actos y no por sus palabras. Creció en Princeton, tuvo una infancia de privilegios y estudió en escuelas privadas. Sus funciones como líder de pelotón de la infantería de Marina durante la Guerra de Vietnam y como fiscal federal hicieron que prefiera el trabajo en equipo, en lugar de cualquier esfuerzo individual. Durante sus 12 años como titular del FBI, rara vez apareció en eventos públicos y rechazó virtualmente todas las invitaciones.

Desde su visita al Capitolio para comparecer ante el Congreso, en junio del 2017, sólo se ha visto a Mueller en lugares públicos en tres ocasiones, en una de ellas en la tienda Apple de Georgetown.

Golf y comida italiana

La vida privada de Mueller es mucho más prudente que la investigación que está realizando. Vive en un conjunto habitacional cerrado en Georgetown junto a su esposa de 52 años, Ann y sus dos hijas, Melissa y Cynthia. A éstas sólo se les pudo ver públicamente en el 2001, cuando asistieron a la audiencia de confirmación de su padre como jefe del FBI.

La pareja asiste regularmente a una iglesia episcopal en el centro de Washington; ambos juegan al golf, aunque Ann es mejor.

Acuerdan a una cita semanal para cenar juntos, generalmente en su restaurante italiano favorito a pocos kilómetros de su hogar.

Durante muchos años la familia Mueller ha sido asidua visitante de ese restaurante. Sus integrantes nunca son vistos porque siempre se sientan en un cuarto aislado detrás de la barra.

¿Cómo es posible que en esta era de teléfonos y cámaras inteligentes Mueller ha logrado pasar como el hombre invisible? El propietario, al igual que varias personas que el autor de estas líneas contactó para desarrollar este artículo, declinó hacer comentarios.

“Las personas con las que se ha rodeado a lo largo de su carrera son temperamentalmente muy parecidas a él”, explicó Graff. “Tiene un buen grupo de amigos de toda la vida en DC. Es alguien que traza una línea bastante firme entre el trabajo y el hogar en términos sociables. Como muestra, el grupo de personas que lo rodea no comparte las cosas que hacen con él. Y ha ubicado una serie de lugares a los que le gusta ir donde creo que se le respeta su privacidad, y tampoco son los restaurantes más modernos de la calle 14 donde se le reconocería”, agregó.

Incluso la prensa no ha querido cruzar la línea invisible de Mueller. El reportero del Salt Lake Tribune, Thomas Burr, tuiteó el mes de junio que estaba viendo a Mueller: “Entro al restaurante y encuentro al abogado especial”. Pero Burr se negó a decir el nombre del restaurante a pesar de una ráfaga de respuestas al tuit.

Agradecimiento

“No sé cuál será el resultado final, pero tengo la sensación de que cualquiera que sea el resultado final del informe, la gente va a agradecer a Bob Mueller por la forma en que manejó esto”, dijo Panetta.

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