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Vinos espumosos, la degustación de SSAM para los suscriptores de Club El Economista
Entre vinos, bocadillos coreanos y cocteles, los suscriptores de Club El Economista vivieron una experiencia placentera en SSAM, al poniente de la Ciudad de México.

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La noche del lunes 24 de junio, los suscriptores de Club El Economista asistieron a la experiencia ofrecida por el restaurante coreano SSAM, ubicado en la terraza del Centro Comercial Santa Fe, donde se puso a prueba su paladar con una experiencia protagonizada por tres vinos espumosos, un cóctel y cuatro entradas de platillos coreanos.
La cadena de restaurantes SSAM fue fundada hace más de 9 años, iniciando en la ciudad de Guadalajara, donde hoy cuenta con cinco sucursales. Posteriormente, se inauguró la sucursal del Centro Comercial Santa Fe, siendo la única hasta la fecha ubicada en la Ciudad de México.

“SSAM es un restaurante muy especial porque siempre está innovando, es un lugar donde puedes crecer profesionalmente. Nuestra especialidad es la calidad, nuestra comida tradicional coreana y las bebidas que ofrecemos se distinguen por ser de la mejor calidad”, dijo Andrea Murguía, auditora de barras de SSAM.

Los tres vinos espumosos con los que los suscriptores tuvieron el placer de satisfacer su paladar pertenecen a la marca Chandon, fundada en el año 1959 en la Provincia de Mendoza, Argentina, justo al pie de la cordillera de los Andes, teniendo actualmente bodegas en diversas partes del mundo.

Antes de iniciar con la degustación, se les mostró a los asistentes cómo abrir una botella de vino espumoso de forma correcta, cortando la línea punteada y dando vuelta seis veces al alambre que cubre el corcho, ya que son seis copas las que se pueden llenar con una botella, posteriormente se debe de sostener firmemente el corcho y dar vuelta a la botella.

El primer vino dado para probar a los suscriptores fue un Chandon Rosé, una etiqueta que presenta un sabor producto de sus tres uvas Chardonnay, Pinot Noir y Malbec, con notas florales de cereza, durazno, flores blancas y diversos frutos rojos, que le daban una mezcla de frescura y cremosidad. Este vino se debe de enfriar una hora antes de ser abierta a una temperatura de 6 a 8 grados.
El segundo vino fue el Chandon Delicé, una etiqueta hecha para tomarse específicamente con hielo sin perder el sabor conformado por cítricos como mandarina, picha, lima, lichi combinadas con uvas Chardonnay, Pinot Noir y Semillon como base, lo que le da un sabor bastante dulce en comparación con el anterior.
El tercer y último vino fue un Chandon Garden Spritz que, como su nombre lo dice, es una etiqueta con una combinación de jarabe de naranja con vino espumoso, preparado de forma correcta y artesanal para servirse inmediatamente. Contiene algunas especias como pimienta, hierbabuena, canela y clavo.

Posteriormente, a los suscriptores se les dio a escoger uno de tres cócteles: un Citrus Spritz, coctel de cítrico y herbal a base de vino Chandon Garden Spritz, óleo de romero y soju reposado; un Gwall Spritz, coctel frutal y fresco a base de vino Chandon Delicé y un óleo de pepino con piña y, por último, un Guepi Spritz, un cóctel especiado y dulce a base de Chandon Rosé y un óleo de zarzamora con especias.


Finalmente, la experiencia concluyó con cuatro entradas de comida tradicional coreana, destacándose el Mandu, que consta de cuatro empanadas rellenas de carne de res, fideo y cebollín sobre una cama de puré de camote; Pollo Frito glaseado con salsa coreana de chile dulce; Chilli Camarón capeados y acompañados con salsa de chile dulce y, por último, el Pajeon, que consta de una crepa coreana de camarón, calamar, cebolla, cebollín y zanahoria.




Jesús Carmona, uno de los suscriptores más recientes de Club El Economista, aseguró que la experiencia fue muy enriquecedora, ya que permite integrarse más como comunidad y destacó que su vino favorito fue el Chandon Delicé.
Por su parte, Isabel Escalona, suscriptora de Club El Economista desde hace 12 años, aseguró que fue una grata sorpresa ya que no sabía de lo que se trataba la experiencia y que la comida coreana le ha parecido espectacular, a la altura de los eventos que realiza Club El Economista.
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