México está comenzando un proceso de cambio hacia una agenda que preserve la biodiversidad y le dé valor a sus recursos naturales, en lugar de seguir con un sistema extractivista; sin embargo para lograrlo hacen falta estrategias, mecanismos, herramientas y la voluntad de los directivos para hacer esta transformación.

Con este fin la Fundación Ellen MacArthur puso a disposición de empresas y gobiernos la herramienta “Circulytics” para dar acompañamiento y migrar de un sistema de consumo a uno en el que no se generen residuos encaminado a cumplir con las agendas y compromisos por el medio ambiente como el Acuerdo de París y la Agenda 2030 de la ONU.

“La idea de Moverse hacia la economía circular es cambiar la forma de generar ganancias y generar valor”, nos dice Luísa Santiago, en entrevista con El Economista, líder de la operación y trabajo con las empresas por parte de la Fundación Ellen MacArthur en América Latina. “Hace 10 años que la Fundación ha estado trabajando con acelerar la transición hacia una economía circular, hoy trabajamos con gobiernos, empresas, formadores de políticas públicas, innovadores y académicos que piensan diseñar la economía para el futuro”.

“América Latina se está enfocando en el reciclaje y la gestión de residuos, pero la economía circular es una idea más amplia es una idea que se conecta con los grandes retos de la humanidad, como la crisis climática, la pérdida de biodiversidad” entre otras, profundizó.

Actualmente la oficina de la Fundación en México trabaja con empresas como Star Plastic, Danone, Nestlé, SC Johnson, para dar un mejor uso a los plásticos.

Según la experta en las industrias hay distintas dificultades para hacer el cambio a una agenda que priorice y de valor a la biodiversidad pero esto va a depender “de las estrategias para hacer un cambio de dirección, nosotros creamos con las empresas herramientas y mecanismos, pero los CEO deben estar comprometidos y compartir esta visión para hacer el cambio”, destacó Luísa.

Mencionó que con el tema de los plásticos crearon un compromiso global que involucra un mecanismo de transparencia en el que las empresas se comprometen públicamente para monitorear sus avances en la gestión del plástico, hasta el momento más del 20% de empresas que generan el plástico en todo el mundo tienen esta visión común.

katia.nolasco@eleconomista.mx