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Riobóo, por tercer intento de erigir un aeropuerto

Tras ser derrotado en el NAIM, el ingeniero estructuralista no quitó el dedo del renglón en su afán por ser parte de un proyecto aeroportuario.

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El ingeniero estructuralista José María Riobóo no pierde su pasión por diseñar segundos pisos ni supervisar obras públicas o privadas, pero quiere cumplir un sueño (que algunos califican de capricho): participar en el desarrollo de un aeropuerto en México.

En esa tarea tienen claro que no puede ni debe ir solo. Así lo demostró en el par de intentos que hizo para estar presente en el hoy cancelado Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM).

Primero unió fuerzas con el arquitecto Javier Sordo Madaleno y otros especialistas para competir en el proceso de selección del arquitecto maestro (en esa ocasión aportó su experiencia estructural) y luego se unió a Arup para elaborar el proyecto ejecutivo de pistas, rodajes y plataformas y ayudas a la navegación.

En el primer caso fueron derrotados por la dupla Norman Foster- Fernando Romero (que cobraron 2,692.4 millones de pesos) y en el segundo los trabajos se adjudicaron a un consorcio México-holandés por 1,895.2 millones de pesos (en este caso los perdedores, en voz de Grupo Riobóo, determinaron no impugnar el proceso).

Para dimensionar a su socio estadounidense Arup, se debe decir que fue quien tuvo a su cargo la elaboración del pre y luego plan maestro de NAIM, el estudio que marcó el rumbo de la terminal.

Se ha mencionado que esos descalabros que vivió Riobóo fueron el motor que lo llevó a empujar desde finales del 2015 el Aeropuerto Internacional de Santa Lucía (AISL) como una mejor y más barata propuesta frente al NAIM. De propuesta pasó a anteproyecto este año y se divulgó con la ausencia de fuentes de información básica y técnica.

Incluso no se tiene clara la cantidad de operación que podría ese aeropuerto ni los pasajeros transportados.

Riobóo no ha revelado quiénes son los socios, nacionales e internacionales, que le ayudaron en la elaboración del proyecto que se prevé cueste 67,000 millones de pesos. Tampoco ha informado cuánto ha cobrado por esas tareas.

“Solamente soy asesor y no participaré con ningún contrato en ese aeropuerto”, suele decir el ingeniero cuando se le cuestiona su participación en reuniones estratégicas del nuevo gobierno. Respuesta que no logra convencer.

La experiencia del Grupo Riobóo ha sido cuestionada porque, entre otras cosas, otorgó información a NavBlue, filial de Airbus, que sirvió para ratificar la viabilidad de operar simultáneamente el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM) y AISL, a pesar de que sus tareas se limitan a ingenierías estructurales.

En su firma no hay arquitectos ni ingenieros aeronáuticos pero ya entregó un primer render de un edificio terminal alargado.

Con añeja relación con el presidente electo Andrés Manuel López Obrador (AMLO) por el desarrollo de los segundos pisos de la Ciudad de México, ahora Riobóo “sorprende” en el tema aeroportuario. Apareció en medio de la promesa de cancelar el NAIM, luego vino la consulta, el resultado, y Riobóo sigue ahí. En su expertise en el tema hay tareas de menor tamaño en terminales aéreas de Aguascalientes, Los Cabos, Toluca, Nayarit, Mérida o Veracruz.

Riobóo y AMLO unieron fuerzas y el apoyo es mutuo. Ambos tienen la certeza de que Santa Lucía será una realidad y que en estudios técnicos podrían dar una sorpresa. El día que recibieron los comentarios de ingenieros de diversas agrupaciones, el equipo del nuevo gobierno escuchó una y otra vez que faltaba información. José María Riobóo escuchaba y sonreía levemente. Después dijo, casi en silencio: estamos trabajando en ello.

Lo cierto es que hoy no se conocen y los tres años para ponerlo en operación están a punto de iniciar.

alejandro.delarosa@eleconomista.mx

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