El estado de emergencia declarado por autoridades ante el Covid-19 ha venido a poner a prueba la resiliencia de las empresas a nivel mundial, acciones como implementar horarios escalonados o hacer home office podrían ayudar a detener la pandemia del coronavirus. En México, apenas dos empresas de cada 10 están listas para que sus empleados realicen home office, aunque datos de la Secretaría del Trabajo refieren que 70% de las actividades laborales puede ser aplicada en la modalidad de trabajo a distancia.

Ante el escenario actual, queda claro que saldrán avante en temas productivos sólo las empresas que ya tenían políticas internas bien estructuradas con respecto a sus empleados y de igual manera serán las que sacarán ventaja competitiva en su mercado frente a aquellas que apenas están experimentando de manera forzosa estas acciones.

“Las empresas que responden con acciones inmediatas ante un estado de emergencia son las que ya tenían una madurez en temas de calidad de vida. Quienes ya tenían experiencia de trabajo con estos temas y habían experimentado fracasos y éxitos, hoy ante esta pandemia, son mucho más fuertes y han podido aplicar el conocimiento previo con mejoras radicales”, comentó Ramón Édgar del Castillo Valdivia, consultor de Responsabilidad Social Empresarial (RSE).

Ante esta situación, la principal recomendación para que las empresas sean más resilientes es analizar los riesgos a los que se enfrenta hoy y a los que podrán enfrentarse en el futuro. “Se deben considerar aspectos no sólo de operación; es decir, ¿cuánto debo comprar?, ¿a quién?, ¿cuánto me durará?, ¿para qué me alcanza?, ¿cuánta gente necesito? También, todos los temas operativos de las empresas y también los físicos: ¿en qué tipo inmueble o inmuebles estoy operando?, ¿es zona sísmica, de inundaciones, deslaves o qué otra?, ¿cómo es la población con la que convivo y qué necesidades tienen? Históricamente, ¿qué eventos han ocurrido que perturbaron mis instalaciones o la comunidad aledaña? Son diversos los elementos que deben considerarse en el análisis, pero básicamente serán operativos, físicos y comunitarios”, agregó Édgar del Castillo.

Las respuestas a las interrogantes anteriores derivarán en una evaluación de riesgos para los cuales las empresas deben armar planes de contingencia y respuesta. Primero se debe armar un plan de prevención ante estos posibles riesgos, seguramente de adquisición de insumos y tecnología, definición de procedimientos precisos y, por supuesto, líderes. En el caso de tener que aplicar todo lo anterior, dos cosas serán clave en el éxito de la implementación: la capacidad de respuesta de los líderes y el entrenamiento que tuvo el personal.

“Las empresas bajo una gestión socialmente responsable son resilientes. Están acostumbradas a adelantarse a las necesidades de la comunidad y a mantener altos niveles de seguridad y salud, porque lo mínimo que hacen es cumplir con la legislación vigente; es decir, implementan normas mexicanas, ya sea NOM o NMX, que por sí solas ya representan altos estándares. Aunado a eso, implementar otras que como las NMX son voluntarias, pero mejores prácticas a nivel mundial”, destacó el consultor en RSE.

Finalmente, Édgar del Castillo enfatizó que “cuando se presentan emergencias como ésta, siempre serán una sorpresa y se requerirán ajustes de último momento, pero si el personal está capacitado y entrenado en la materia, si tienes líderes conscientes y capaces de reaccionar en tiempo, la respuesta garantizará un menor daño a la organización y a sus colaboradores. La responsabilidad social es para todos, no exluye, no discrimina, no elimina, por el contrario, suma”.

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