Hacia el cierre del 2020, dos de los principales componentes de la demanda agregada de la economía mexicana mostraron signos de debilitamiento, perfilando un agotamiento del proceso de reactivación económica tras la cuarentena de abril y mayo del año pasado para frenar el Covid-19.

En octubre del año pasado, el consumo privado –componente de mayor peso en la demanda agregada (más de 60%)–, creció 1.1% mensual y acumuló cinco meses de reactivación, pero este avance fue el menor de dichos períodos, de acuerdo con el reporte de ayer del Instituto Nacional de Geografía y Estadística (Inegi).

Al interior de la variable –que venía de crecer 2.2% en septiembre– el menor dinamismo se observó en el subíndice de consumo de bienes y servicios de origen nacional (+0.9% versus +2.2% de septiembre), mientras que el consumo de bienes importados creció 2.5% (versus -1.6% del mes previo).

“El consumo mexicano continuó con su recuperación a un ritmo leve, lo que nos hace pensar que, ante las disminuciones anticipadas por la adopción de medidas que restringen la actividad económica en diciembre, la variación trimestral de este componente difícilmente superará el 3%” refirió Marcos Arias, analista de Grupo Financiero Monex. Por otro lado, la inversión fija –que representa alrededor de un quinto de la demanda agregada–, tuvo un ligero respiro, al crecer 2.8% luego del retroceso de 2.6% de septiembre. Sin embargo, esta variable no ha mostrado una trayectoria clara de reactivación “por lo que la narrativa en los 4 meses finales de 2020 parece sugerir un profundo estancamiento”, afirmó Marcos Arias.

La mejora vino de la mano del componente de construcción, que creció 4.7% tras haberse desplomado 6.4% en septiembre.