El Consejo Coordinador Empresarial (CCE) está dispuesto a colaborar para que haya un nuevo etiquetado nutricional en los alimentos procesados y bebidas azucaradas y que sea complementado con una estrategia integral para reducir la obesidad y enfermedades como la diabetes; no obstante, la pretensión de colocar advertencias de semáforo sobre los altos contenidos calóricos, en azúcares y sodio sería “satanizar” a los productos sin una justificación válida.

Patrick Devlyn, presidente de la Comisión de Salud del organismo empresarial, afirmó a El Economista que en la industria de alimentos y bebidas “estamos en favor de que los consumidores tengan más datos a su alcance y con datos adecuados le ayudemos, a través de educación, a tomar mejores decisiones. El problema no son las muchas o pocas calorías, sino las porciones y los malos hábitos alimenticios”.

La semana pasada se aprobó en el Congreso la Ley de Salud Pública que recomienda cambiar el etiquetado de alimentos procesados y bebidas, bajo el argumento de que la industria no informa con claridad sobre su contenido alimenticio y mucho menos calórico, de modo que plantea migrar a un sistema de sellos de advertencia, tipo semáforos, en donde el rojo indica que es alto en azúcar, amarillo en alerta y verde bajo. La propuesta del cambio de etiquetado parte de una iniciativa de la sociedad civil, especialmente de la organización no gubernamental El Poder del Consumidor, quien afirma que debe advertirse cuando un producto es alto en azúcar, sodio, grasas saturadas y en calorías totales y con ello, el consumidor sea precavido para evitar enfermedades.

No obstante, el representante del sector empresarial en materia de salud cuestionó esa propuesta, pues llega al grado de “satanizar” a un producto que es legal.

“El etiquetado por sí solo no es la solución, tiene que ser parte de toda una estrategia integral en prevención. Se tiene que entender como un todo, en el tema de nutrición, educación, del reformulado para que a través de innovación haya una reducción el contenido calórico en alimentos y bebidas, y que haya cambios en el etiquetado, pero con base en información, no en opiniones”, estableció.

El sector privado tiene que ser escuchado y sus propuestas integradas en el plan nutricional de los alimentos procesados y bebidas, de lo contrario, se corre el riesgo de que sea una solución aislada que, lejos de tener efectos positivos, desgaste a las empresas con el sector público y la sociedad, así como que el etiquetado no sea reconocido ni en los restaurantes, los comercios informales y mucho menos en los usos y hábitos de la población. “En el CCE estamos preocupados por la salud en México, nosotros nos vemos como parte de la solución y vamos apegarnos a la ley vigente”.

Devlyn informó que en la próxima semana podría estar la propuesta integral del sector privado, pues tanto el sector de las golosinas, alimentos y bebidas tiene ligeramente distintas circunstancias que las impacta. “Entre estos tres grupos están trabajando para unificar una sola propuesta y que aporte a la iniciativa, así como que evite satanizar los productos mandándole señales equivocadas al consumidor”.

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