La Asociación Nacional de Distribuidores de Llantas y Plantas Renovadoras (Andellac) es un organismo civil que representa a la industria llantera mexicana. Tiene estrecha colaboración con los distribuidores de neumáticos y una de sus actividades es la de crear conciencia entre ellos para lograr que el manejo de los productos de desecho sea más amigable con el  medio ambiente.

Esta tarea cobra mayor relevancia cuando visualizamos el alcance de esta industria. La maestra Magda Espinosa, gerente general de la Andellac, explica: “Hay un estimado total de que en nuestro país al cierre del 2018 se requirieron alrededor de 30 millones de llantas. En el estimado de la asociación es que rodando en el mercado nacional incluyendo todas las llantas de autos hasta camiones es de alrededor de 41 millones en el 2018.

En el país hay nueve plantas: Bridgestone, Continental, Cooper Tires, Michelin, Pirelli, JK Tornel, Goodyear, Hankook y Yokohama. Entre esas nueve fábricas, el estimado de la Andellac del 2018 es que entre todos ellos produjeron alrededor de 31 millones de neumáticos. De esa cantidad, alrededor de 45–46% se va a la exportación, y tan solo 54–55% se queda en México. Esa llanta que se queda en México la estimamos para el mercado de aftermarket”.

Reciclaje obligado

Ante el volumen de producción es necesario adoptar las mejores prácticas para reciclar los millones de neumáticos que se desechan. En México se llevan a cabo diferentes técnicas, algunas de reutilización. La más común permite obtener un combustible.

“En este proceso, las cementeras nos reciben la llanta para sus hornos, lo utilizan como combustible y esa ya es una forma de que las llantas tengan un destino final. El horno, en sí mismo, sí genera algunos gases al medio ambiente, pero también las cementeras han estado muy aplicadas en buscar tecnologías que absorban esos gases. El siguiente es a través de un proceso llamado pirólisis, que como procedimiento, es una actividad que puede ser muy importante para tener un destino adecuado de llantas de desecho. Consiste en hacer un molido de la llanta que después se somete a temperaturas muy altas y se obtiene un combustible de calidad similar al diésel”, expuso Espinosa.

En menor escala están aquellos que separan los componentes de un neumático como el hule natural y el sintético, el acero y el tejido natural. Al obtener el acero éste se recicla mientras que el hule se corta en pedazos para un basto número de opciones de reuso como suelas de zapato, juegos infantiles, macetas, mobiliario para la ciudad como bolardos, topes de banqueta y topes de estacionamiento. La maestra Espinosa añade que el hule ya pulverizado puede tener otros usos, como el caso de otros países que lo emplean en la construcción de autopistas.

Aún falta mucho por resolver en términos de reciclaje, reutilización y manejo de los desechos, pero para la dirigente hay buenos resultados hasta ahora: “Hoy hemos logrado que nuestros asociados paguen una cantidad para que las personas que recojan las llantas estén registradas ante la Secretaría de Economía y se les emita un comprobante de que son una especie de distribuidores de llantas responsables porque además llevan una bitácora de cuántas se han recogido y se han llevado a un destino final adecuado —que son las cementeras —, pero al distribuidor le cuesta deshacerse de esa llanta; por otro lado, la Secretaría de Economía le hace la observación de que es su responsabilidad”.

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