Elsa Meléndez y los 10 miembros de su familia tienen un año viviendo en medio de fango y hedor, en el barrio de Santa Cruz Acalpixca, en Xochimilco. El sismo del 19 de septiembre del 2017 dejó en pie su vivienda, de por sí humilde y desvencijada, pero abrió notorias grietas en el suelo y levantó el piso de cemento, por donde se cuelan las aguas negras del drenaje, roto también por el terremoto y sin mantenimiento, y cada vez que llueve tienen que abandonar la casa porque se inunda, y en esta temporada llueve prácticamente a diario.

El día del temblor, ante la amenaza del colapso, abandonaron la vivienda y sus pertenencias; se mudaron a un tejabán y a una camioneta Van de los años 80, descompuesta, que les sirvió de refugio. El delegado de Xochimilco, Avelino Méndez Rangel, recorrió el barrio, le dijo a Elsa que su casa era habitable: “nomás échele el piso y todo está bien”, recuerda, y la dejaron fuera del padrón de reconstrucción.

Elsa es ama de casa y empleada doméstica, junto con su esposo Javier, un hombre ya mayor que trabaja como chofer de un microbús y vive con diabetes, se hace cargo de su madre, y cuida de sus nietos porque los padres trabajan; todos viven al día, como la mayoría de los habitantes de ese barrio pobre y marginado, impensable en un pueblo originario de la Ciudad de México, cuyos canales, chinampas y trajineras merecieron la inscripción en la Lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO.

"Dicen que vivimos como marranos"

La vivienda actual de Elsa y Javier, construida con block y techumbre de láminas, la integran dos habitaciones que muestran las paredes derruidas. La estancia es a la vez  cocina, comedor, oratorio, estudio y almacén. Desde su nicho de madera y paredes de cristal, un crucifijo al que llaman Papá Dios, que se mantuvo en pie tras el temblor, preside la vivienda; sobresalen también las mochilas escolares de los niños colgadas en la pared, un trinchador metálico con marcas de moho,  un par de mesas con las patas carcomidas por la humedad, un sillón viejo, el bastidor de un tambor sin cuero cuelga también en una esquina; un juego de sala, emplayado con plástico y encaramado en otros muebles para protegerlo del agua, es lo más nuevo que se percibe en la casa. La otra habitación es el dormitorio, donde el hacinamiento es evidente.

“La gente nos dice que vivimos como marranos”, cuenta Elsa, al tiempo que se le corta la voz; “y no es que nosotros queramos vivir así, pero el gobierno en vez de ayudarnos nos pone trabas. No se imagina lo que es vivir así. Tenemos un año batallando con el agua. Todos nuestros muebles están dañados…Toda la vida tratando de tener algo y en un abrir y cerrar de ojos nos quedamos sin nada”, se lamenta, tratando de ocultar las lágrimas.

A ello se suman las enfermedades en la piel presentes en adultos y niños de la familia, la falta de agua potable para consumo, las calles pestilentes e intransitables que han tenido que sobrellevar en todo este tiempo.

Solidaridad empresarial

Una luz al final de ese túnel de miseria apareció en la vida de esa familia con la llegada de la organización Échale a tu Casa, que con fondos del fideicomiso Fuerza México, que lidera el Consejo Coordinador Empresarial y al que se han sumado prácticamente todas las grandes y medianas empresas del país, acudió en su auxilio y le construyó una nueva casa que recién estrenó el 15 de septiembre.

“La pobreza urbana es más contrastante que la rural; el sismo sólo hizo que aflorara la fractura social”, asegura el doctor Francesco Piazzesi, especialista en políticas para el desarrollo y director general de Échale a tu Casa, organización con 30 años de trabajo en proyectos de autoconstrucción de vivienda e intervención social en comunidades apartadas y rurales, que está construyendo 120 casas en la delegación Xochimilco con recursos del Fideicomiso Fuerza México para familias que, como la de Elsa, quedaron marginadas en los censos de reconstrucción tras el sismo.

Las viviendas, explica Piazzesi,  están construidas con adoblock, un material térmico y ecológico que se fabrica in situ; miden alrededor de 56 metros cuadrados, están cimentadas para construir un segundo piso y, adaptadas a las necesidades de cada familia; cuentan con Certificado Único de Vivienda y un seguro por tres años contra vicios ocultos. Trabajadores de la comunidad participan en la fabricación del material y en la construcción de las casas y reciben un salario por ello. Échale a tu Casa les acompaña todo el tiempo y les brinda la asesoría necesaria, los planos, los cálculos estructurales, los estudios de suelo y supervisa la obra.

El trabajo de esta organización no termina con la construcción de la vivienda, indica Piazzesi; “las 120 familias que vivirán en estas casas, conformarán un núcleo comunitario en el que trabajarán juntos proyectos de salud comunitaria, educación, violencia intrafamiliar, cuidado del medio ambiente, entre  otros, a partir de sus necesidades”, ya que el espíritu del fideicomiso y las organizaciones aliadas con las que trabaja es que la reconstrucción sea integral, “que se reconstruya la vivienda junto con el tejido social”, indica Alejandra Kuri, directora del fideicomiso Fuerza México.

Eficacia y transparencia

A  un año de la tragedia, Fuerza México ha logrado sumar  1,000 millones de pesos que se están aplicando actualmente en 85 municipios de 8 estados de la república afectados por el sismo, para construir o reconstruir 4,800 viviendas, 14 escuelas, 4 mercados y algunas clínicas que van a beneficiar de manera directa a 40,000 mexicanos y a reanimar a las comunidades, detalla Kuri.

La directora de Fuerza México destaca que al cabo de un año y medio de los sismos de septiembre, el fideicomiso habrá contribuido a reconstruir 8% de las viviendas con daño total en todo el país. Señala que este plazo es insólito, ya que en otros países la reconstrucción comienza al año de la tragedia, en cambio en México, se están entregando las casas construidas al año del sismo; y esto es gracias a la suma de esfuerzos de millones de mexicanos y de las empresas que han confiado en la eficiencia y estricta transparencia que ha demostrado Fuerza México en la captación y aplicación de los recursos.

En cifras

1,000 millones de pesos reunidos por el fideicomiso Fuerza México

4,800 viviendas reconstruidas en 8 estados

120 casas construidas en Xochimilco

40,000 mexicanos beneficiados directamente

8% de la reconstrucción total del país con recursos privados de Fuerza México

francisco.deanda@eleconomista.mx