La campaña presidencial de Estados Unidos se ha decantado respecto a dos posiciones para enfrentar a China: el unilateralismo del presidente Donald Trump y el plurilateralismo que pretende su contrincante, Joe Biden.

“Al reunir el peso combinado de socios y aliados, (Estados Unidos) está en una posición mucho mejor para afectar el cambio y mover la región en una dirección positiva que si se retira o actúa solo”, dijo Biden recientemente.

“Actuando solo, Estados Unidos representa el 20%, el 25% del PIB mundial. Cuando actuamos en concierto con aliados y socios, es el 50 o 60% del PIB mundial, mucho más difícil de ignorar para el gobierno de Beijing”, añadió.

Según un artículo publicado por The Economist, Biden no es un “hombre arancel”, como Trump se proclamó una vez. Pero se ha comprometido a restringir las importaciones de China que se consideren una amenaza para la seguridad nacional. Además, los países que no cumplan con sus obligaciones ambientales podrían enfrentar una tarifa de ajuste de carbono en forma de tarifas o cuotas.

De acuerdo con el medio Politico, Biden no ha descartado un regreso a la Asociación Transpacífica, un acuerdo comercial negociado por la Casa Blanca de Barack Obama y abandonado por Trump. Pero reiteró la posición de la campaña de que cualquier nuevo pacto comercial vendría después de inversiones “importantes” en infraestructura nacional.

Un análisis de Simon Lester, difundido por Cato Institute, consideró que la reincorporación de Estados Unidos al Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (TIPAT) requeriría cierto grado de renegociación, pero que las otras partes “probablemente le darían la bienvenida”.

Otra opción para Biden sería reavivar las negociaciones con la Unión Europea, que la administración de Obama emprendió como la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión (TTIP).

Tony Blinken, un importante asesor comercial del exvicepresidente Biden y ex subsecretario de Estado en la Casa Blanca de Obama, dijo a Politico que una administración de Biden buscaría un acercamiento con aliados como la Unión Europea que se han enojado por los aranceles de Trump sobre sus exportaciones.

“La UE es el mercado más grande del mundo. Necesitamos mejorar nuestras relaciones económicas y tenemos que poner fin a una guerra comercial artificial que ha comenzado la administración Trump”, comentó.

The Economist enfatizó que Biden promete reescribir las reglas, de modo que Estados Unidos y sus aliados puedan “usar los dólares de sus propios contribuyentes para estimular la inversión en sus propios países”.

“Haremos cumplir constante y agresivamente las leyes comerciales estadounidenses cada vez que las trampas extranjeras representen una amenaza para los empleos estadounidenses”, dijo Blinken, en un seminario web organizado el 22 de septiembre por la Cámara de Comercio de Estados Unidos.

“Por cierto, usaríamos aranceles cuando sean necesarios pero respaldados por una estrategia, un plan para usarlos para tener éxito”, acotó.

roberto.morales@eleconomista.mx