El presidente Andrés Manuel López Obrador trata “muy por encimita” a la UNAM, de manera superficial, porque tiene miedo de no saber domar al puma, el animal con el que se identifica a esta casa de estudios, afirmó tajante el académico de esa casa de estudios, Ulises Corona.

El profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales consideró que el mandatario ha decidido desaprovechar el gran capital político que tenía en la máxima casa de estudios del país.

Con el liderazgo que tiene y la fuerza del Estado podría tener todo el apoyo del mapa para su llamada Cuarta Transformación, y “estoy hablando de apoyo ideológico y numérico”. Sin embargo, para ello tendría que pedir el apoyo de los grandes académicos “y no hacerle caso al diablito que le está diciendo que hay que patear a la UNAM porque a mí no me quieren y a ti tampoco”, dijo Corona.

Considera que el presidente debe tener una visión de Estado, no de grupo sectorial y minimalista.

En opinión del profesor, la UNAM podría ser fundamental para lo que llama el presidente la cuarta transformación del país, simplemente porque se trata de un semillero de nuevas tendencias ideológicas y políticas.

Recuerda que buena parte de los votos que obtuvo López Obrador en las elecciones de 2018 fueron de universitarios, pero ahora “alguien le platicó mal” de la UNAM y no se está apoyando en ella.

Al presidente le hace falta un buen operador político en la UNAM que tenga mucha investidura, calidad política y credibilidad, dijo.

Desde su perspectiva las grandes personalidades de la UNAM que cerraron filas en torno a López Obrador en sus primeros intentos por llegar a la Presidencia se han distanciado de él y con algunos ha habido hasta ruptura.

La coyuntura puede ser aprovechada por el presidente para construir una nueva relación entre la universidad nacional y el gobierno de la república.

Si lo hiciera seguramente lograría, de entrada, conservar el apoyo mayoritario en el Congreso de la Unión en la elección intermedia de 2021 y la cuarta transformación del país, pero para ello debe dar un manotazo en el escritorio y resolver el problema que actualmente hay en la universidad relacionado con el paro de al menos 16 planteles educativos por jóvenes que se cubren el rostro y que se escudan en demandas legítimas de agresiones sexuales.

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