Los máximos dirigentes de los tres partidos que conforman el gobierno griego tuvieron una reunión este domingo en la residencia del primer ministro, Luca Papademos, quien les pidió que se comprometan con las impopulares reformas exigidas por los acreedores a cambio de más ayuda.

Sin embargo, ante la falta de acuerdos, se anunció una nueva reunión programada para este lunes.

Los representantes de la Troika, los acreedores institucionales del país, la Unión Europea (UE), el Banco Central Europeo (BCE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) ya se reunieron previamente con el Primer Ministro y con los titulares de Finanzas y Trabajo.

El gobierno heleno negocia desde hace semanas un programa de ajuste estructural a cambio de un préstamo de al menos 130,000 millones de euros, que se sumarían a los 110,000 millones de euros acordados en mayo del 2010 para evitarle la bancarrota.

NEGOCIACIÓN SOBREHUMANA

Las negociaciones, calificadas como sobrehumanas por un alto responsable gubernamental, proponen evitar que Grecia se vea imposibilitada de realizar sus pagos en el mes de marzo.

Paralelamente, el gobierno griego negocia con los banqueros y los acreedores privados del país para una quita de unos 100,000 millones de euros.

El gobierno debe reunirse además con representantes de los bancos para lograr un canje de bonos que les supondría una pérdida de 70% en sus inversiones debido a una reducción de 50% en el valor nominal de las nuevas obligaciones, menores intereses y mayores plazos de amortización, con la esperanza de reducir la deuda soberana griega en 100,000 millones de euros de 160 a 120% del Producto Interno Bruto.

Durante la reunión, el líder de la extrema derecha, Georgios Karatzaferis, afirmó que él no quiere contribuir a la explosión de una revolución aceptando unas medidas que, según la prensa, implicarían un recorte de 20% del salario mínimo mensual, actualmente, de 750 euros.