El nuevo primer ministro griego, Antonis Samaras, tuvo su primer gran examen con los acreedores del país, que será determinante para las relaciones de Grecia con la zona euro.

Samaras, un conservador que gobierna con los socialistas y la izquierda moderada, se reunió durante una hora con los jefes de la misión del Fondo Monetario Internacional, Poul Thomsen; del Banco Central Europeo, Klaus Masuch, y de la Comisión Europea, Matthias Mors, encargados de examinar las cuentas griegas.

El nuevo ministro de Finanzas, Yannis Stournaras, también participó en el encuentro.

Su visita pone fin a un paréntesis de vacío legislativo, en el que se celebraron dos elecciones generales. La última permitió crear un gobierno de coalición que se define como pro europeo, pero que desea renegociar las condiciones del último préstamo concedido a Grecia, que lleva cinco años en recesión.

Durante este periodo, se han aplicado numerosas reformas impulsadas por la Troika para relanzar la economía y sanear las cuentas públicas que estuvieron paralizadas, como las privatizaciones, la reforma fiscal o la de la administración.

El nuevo gobierno de Grecia busca convencer a sus acreedores internacionales para que mitiguen las severas condiciones del rescate, tratando de aprovechar el nuevo giro de la Unión Europea hacia medidas para alentar el crecimiento económico.

La Troika está en Atenas para revisar las reformas exigidas a Grecia bajo un acuerdo que permitirá otorgarle 130,000 millones de euros como rescate.

En un intento por aprovechar el cambio en Europa hacia medidas más orientadas al crecimiento, Samaras quiere aliviar las condiciones vinculadas al rescate, tales como las alzas de impuestos y los recortes de empleos y salarios.