La economía china creció 6.9% en el 2017 tras siete años de continua desaceleración, que había llevado en el 2016 al gigante asiático a su nivel de crecimiento más bajo en 25 años.

“La economía nacional mantuvo en el 2017 su desarrollo estable y sano”, felicitó en un informe publicado el jueves Ning Jizhe, director de la Oficina Nacional de Estadísticas (NBS, por su siglas en inglés).

“Sin embargo, tenemos que ser conscientes de que subsisten dificultades y desafíos para la economía. La mejora de la calidad y la eficacia sigue siendo una tarea ardua”, señaló.

Por otra parte el NBS anunció un crecimiento de 6.8% en el último trimestre del año a pesar de una gran campaña contra la contaminación, que penalizó la actividad económica y a los llamamientos de las autoridades para luchar contra el endeudamiento.

El crecimiento de 6.9% del Producto Interno Bruto (PIB) en el 2017 es superior en 0.1 puntos a la previsión media de 11 analistas consultados.

La cifra es además una victoria para el gobierno, que apostaba para este año por un crecimiento de “cerca de 6.5 por ciento”. A pesar de las dudas sobre su fiabilidad, la cifra del PIB chino es clave porque su economía representa un tercio del crecimiento mundial.

La aceleración del crecimiento en el 2017 se explica en primer lugar por las nuevas infraestructuras, las inversiones en el sector inmobiliario y la mejoría de la demanda internacional.

El gobierno también ha dado facilidades de crédito que han estimulado la demanda de las familias. Aunque el crecimiento de ventas al pormenor se frenó en diciembre (9.4%), en el conjunto del año aumentó 10.2 por ciento.

Otro de los factores de crecimiento es el comercio exterior (8% de aumento en las exportaciones durante el 2017), clave en la economía del gigante asiático y que se recuperó en el 2017 gracias a una coyuntura más favorable en Estados Unidos.

LA AMENAZA DE LA DEUDA

No obstante, el crecimiento sigue bajo la amenaza de la deuda (pública y privada) del país, que supera 250% del PIB. Las autoridades han reforzado su legislación, pero aun así sigue habiendo “tensiones” que amenazan la estabilidad financiera china, advirtió en diciembre el Fondo Monetario Internacional.

El PIB chino también se ha visto frenado por varias medidas del gobierno de Beijing, como la limitación de los excedentes de producción o las restricciones en el sector inmobiliario para limitar la burbuja inmobiliaria en las grandes ciudades.

Una de las decisiones más importantes de las autoridades chinas en el 2017 fue la campaña contra la contaminación atmosférica, que obligó a las fábricas del norte a cerrar o a reducir su producción.

Sin embargo, estas medidas no tuvieron un impacto determinante como esperaban los observadores y el crecimiento en el cuarto trimestre se mantuvo en 6.8%, siguiendo la tendencia del primero (6.9%), el segundo (6.9%) y el tercer trimestres (6.8 por ciento).

Por su parte la producción industrial fue robusta en diciembre (6.2 por ciento). En el conjunto del 2017 creció 6.6 por ciento.

El gobierno chino tiene el objetivo de reorientar la economía hacia los servicios y dejar de depender de las infraestructuras, las exportaciones y la industria pesada. No obstante, las inversiones en capital fijo, un indicador del gasto en infraestructuras, aumentaron 7.2% en el 2017, indicó la NBS.

“En el 2018, la economía china debería tener un crecimiento de 6.5 por ciento. Las tensiones comerciales entre China y Estados Unidos son el único riesgo a corto plazo”, indicó el banco ANZ. Desde la llegada al poder del presidente estadounidense, Donald Trump, su administración denuncia el desequilibrio del comercio entre ambos países y ha iniciado varias investigaciones sobre las prácticas comerciales chinas.