En los recientes diez años, la crisis económica y financiera dibujó dos panoramas en el mercado laboral de México, una brecha grande entre el antes y el después que ni los constantes intentos de reactivación económica lograron que converjan.

Con la nueva serie estadística del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), difundida el 24 de noviembre y que ya registra los resultados de la reforma que elevó la edad legal mínima para trabajar de los 14 a los 15 años, se observa que en años previos al periodo recesivo el rango de la tasa de desocupación, ajustado por estacionalidad, oscilaba entre 3.16 y 3.79 por ciento.

Cuando evolucionó y se propagó la crisis, que comenzó en los principales centros financieros del mundo en el 2008, sus repercusiones fueron graves, y llevó la tasa de desempleo hasta su punto máximo en una década, 6.00% en septiembre del 2009. Al considerar el punto en que comenzó la tendencia ascendente, agosto del 2008, esta variable macroeconómica se elevó 2.21 puntos porcentuales en 14 meses.

Después de registrar ese nivel, la trayectoria de la tasa de desempleo descendió, aunque, con vaivenes constantes, su umbral del 2010 a la fecha se ubicó entre 4.58 y 5.58%, aún lejos del periodo precrisis.

México, al ser uno de los países con mayor flujo de migrantes hacia Estados Unidos, resintió la época recesiva de esa nación, donde la merma en su mercado laboral provocó que la migración de mexicanos disminuyera. Esto aumentó la oferta de trabajadores en este sector de México. A esto se suma la debilidad de la economía en los últimos años.

Sobre la brecha que marcó la crisis financiera y económica 2008-2009, Alejandro Cervantes Llamas, subdirector de Análisis Económico Nacional de Banorte-IXE, dijo en entrevista telefónica que uno de los principales factores de este fenómeno se atribuye a la fuerte expansión de la masa laboral. La tasa de equilibrio que se tenía antes de este periodo se explica por los fuerte flujos de mexicanos hacia el territorio vecino.

Ese trance provocó el regreso de una marea de migrantes a su tierra de origen y ocasionó el aumento del grupo de trabajadores mexicanos.

Al crecer la actividad económica, la tasa de desocupación disminuye. A través del IGAE (Indicador Global de la Actividad Económica), proxy mensual del Producto Interno Bruto (PIB), la tendencia a largo plazo de la economía después de la crisis es descendente, cuyas variaciones anuales que no rebasan 2.9% se encuentran por debajo de las mostradas años antes del evento económico catastrófico (promedio de crecimiento de 3.8 por ciento).

Cervantes Llamas afirmó que, después de un proceso de recuperación, en cualquier país el mercado laboral es el último en recobrar aliento en su totalidad, simplemente por toda la desocupación que se genera cuando una economía atraviesa por un entorno recesivo.

Más educación, menos empleo

En teoría, si la población cuenta con un mayor nivel de instrucción, su inclusión al mercado laboral se facilita o su porcentaje de desocupación es menor en relación a otros sectores. En México no es así.

Entre el 2005 y el 2009, del total de desempleados en México los más afectados fueron las personas que realizaron estudios de nivel medio y superiores. En el 2005, los desocupados se concentraban de la siguiente manera: 11.1% con primaria incompleta, 21.0% con este instrucción completa, 36.9% con secundaria terminada y 31.0% con estudios medio superior y superior, de acuerdo con los datos del Inegi.

Para el 2014, los porcentajes cambiaron; este último rubro rompió con la teoría al ubicarse en un umbral de 40.2%, el de mayor proporción de desocupados.

En sincronía con el ciclo económico, la generación de empleos formales en México aumenta muy por debajo de su potencial y a un ritmo cada vez menor. El promedio anual de la última década de plazas creadas es de 484,000, menos de la mitad de las requeridas para absorber a la población que se incorpora al mercado laboral cada año.

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