“Empezó como recreativo y se convirtió en formativo. Recuerdo su primer partido, que ya era un poco más formal, Silvana tenía siete años y se jugó con equipos de seis contra seis. El marcador terminó 14-6 a favor de su equipo, ella metió todos los goles. Ahí fue cuando pensamos que tenía potencial y le podía gustar este deporte”, menciona Rubén Flores, padre de la futbolista.

Silvana Flores siempre tuvo contacto con un balón de futbol. Juega en la selección mexicana y el Arsenal, en su tiempo libre lee ciencia ficción y toca el piano; habla tres idiomas; se interesa por la equidad de género y uno de sus sueños es graduarse en Ciencias Políticas en Oxford o Cambridge.

El 6 de marzo la selección mexicana Sub 20 selló su pase al Mundial de la categoría que se juega en agosto. Una de las jugadoras más destacadas es Silvana, quien siempre tiene la guía de su padre exfutbolista, que en entrevista con El Economista, narró cómo ha sido la formación de su hija de 17 años.

Los dos últimos años de profesional, Rubén jugó en Canadá, se retiró para ser entrenador, trabajó en distintos clubes y la federación canadiense. En ese entorno nacieron sus hijos.

“Los tres eran pequeños; estaban conmigo en la banca, partidos, entrenamientos, etcétera. Desde chicos conocieron ese ámbito, yo les prestaba un balón para jugar, entonces crecieron en el entorno del futbol por mi trabajo”.

Silvana, Tatiana y Marcelo, su tres hijos, fueron inscritos a los cuatro años para comenzar a jugar futbol y se desarrollaron en el deporte a la par del sistema educativo canadiense. Pasaron los años y Rubén reconoció que si sus hijos buscaban “progresar en el ámbito futbolístico, en algún momento se tendrían que ir de Canadá”.

Se mudaron a Inglaterra. Marcelo jugaba en el Ipswich Town, pero no había equipo femenil. Llevó a sus dos hijas al  Arsenal, fueron aceptadas, pero recorrer dos horas entre el campo de entrenamiento y su casa lo llevó a buscar un club más cercano: el Colchester United.

Ahí jugaba Silvana, en la misma liga que los grandes clubes de Inglaterra; cuando no había partidos, apoyaba a un equipo de hombres por las tardes.

Por nacer en Canadá y vivir en Inglaterra, Silvana podía representar a la selección de cualquiera de estos países. Optó por México, donde nació su padre.

“De Canadá nos fuimos cuando tenía 14, casi 15 años. Entonces le avisan que ya no podría jugar en la selección; se puso muy triste. Llegamos a Inglaterra y de inmediato la llamaron, estuvo dos años, pero recibió una invitación a una concentración con México”.

“Se enamoró de la cultura, las raíces, gente, compañeras y cuerpo técnico. Entonces fueron recurrentes los llamados para irse decantando. Aunque creo que cuando su corazón se volvió mexicano fue al asistir al Mundial Sub 17. En un solo día se aprendió el himno y ahora ella menciona que es un honor representar un país tan lindo como México”.

Una de sus principales cualidades es su madurez, expresa el padre. Una niña de 17 años, que en ocasiones parece de 35. Enfocada en la escuela, capaz de leer hasta cuatro libros al mes, tocar el piano, cantar, hablar español, francés e inglés y buscar la equidad de género, con la consigna de que a las mujeres no se les tiene que regalar nada, pero sí dar las mismas condiciones para desarrollarse.

Actualmente la mexicana se encuentra en el último año escolar, regresó con el Arsenal desde el 2018, juega en la academia, aunque ya tuvo oportunidad de debutar con el primer equipo femenil. El siguiente año se enfocará en su carrera profesional con el primer equipo de las gunners, con cursos en línea, para que cuando llegue a universidad no empezar desde cero.

“Con Joe Montemurro (entrenador del Arsenal Women) tengo buena comunicación. Me comenta que Silvana técnicamente es muy buena y de lo mejor que ha visto, que se está desarrollando en un buen lugar, que tenga paciencia para mantener el proceso, porque en el futuro no tendrá ningún problema”.

salvador.almeida@eleconomista.mx