“El alto rendimiento no es nada saludable. Se vuelve una obsesión y hay muchas cosas oscuras. Generalmente, no vemos lo que pasa detrás de un triunfo, pero cuando se abre esa puerta salen a relucir muchas cosas”.

Ese es el primer análisis que hace la doctora María Marentes Castillo, becaria posdoctoral del CONACYT en la Unidad de Psicología del Deporte de la Universidad de Valencia, España, en entrevista con El Economista. Se muestra sorprendida tras releer la carta de la tenista Naomi Osaka en la que explica que sufre ansiedad por hablar con la prensa y que por eso prefería renunciar a Roland Garros 2021.

Naomi, número 2 del mundo y considerada la atleta mejor pagada en la historia (de acuerdo con Forbes), es una de las figuras élite del deporte que ha levantado la voz en favor de su bienestar psicológico, como en su momento lo hizo Michael Phelps (nadador), Kevin Love (basquetbolista) o Brandon Marshall (jugador de futbol americano).

Un atleta de la altura de ellos tiene los recursos económicos para atender cualquier problema de salud física o mental, pero el hecho de que Osaka haya renunciado a un Grand Slam por ansiedad da una lectura de que algo está mal.

La respuesta varía entre el estigma de que atender la salud mental es señal de debilidad o locura, pero también en que las estructuras deportivas del mundo están minimizando esta situación y que, además, los medios de comunicación no tienen la preparación para abordar temas sensibles, señala la experta.

“El alto rendimiento tiene un contexto que exige resultados sobre cualquier cosa. No implica más allá. El objetivo es ganar, por lo tanto, implica que la exigencia sea a tope mentalmente, lidiar con miedos, frustraciones, ansiedad, estrés, etcétera. Vas a tener a un entrenador autoritario al que, en muchas ocasiones, no le importará si te sientes bien o mal o algo pasa con tus habilidades mentales. Dista mucho de que sea un contexto bien gestionado”.

Los medios contribuyen con una responsabilidad afectiva, indica: “Con la forma en la que se expresan o preguntan, pueden tener mucha influencia en el estado mental de un atleta, que construye su confianza y hay cosas sensibles que la prensa está recordando. Es muy importante no solo concientizar a la salud mental del alto rendimiento, sino el manejo del clima psicológico en el que también influyen los medios”.

Marentes Castillo, quien trabajó con diversos atletas en el sur y norte de México, retrata el panorama de su disciplina: “La psicología deportiva vive en un imaginario de los deportes, se encuentra en el speech, pero no hay un trabajo real con ella. Cuando se logre entender que la psicología no es nada más un discurso y una foto que diga ‘tu voluntad te va a hacer llegar a donde quieras’, entonces tendremos atletas mejor preparados y podremos prevenir mejor los síntomas que vengan después de una carrera con sobre exigencia”.

¿Cómo se puede erradicar esa percepción de los entrenadores e instituciones y ayudar más al atleta en el tema psicológico?

“Haciendo muchísima pedagogía de lo que realmente es el bienestar psicológico, lo que es la psicología y tratar que las nuevas generaciones se puedan preparar mejor. Que en el deporte se puedan crear más espacios y que las nuevas generaciones de entrenadores tengan una visión más global de lo que es el rendimiento, con psicología, nutrición y prevención de lesiones, no solo se trata de hacer ejercicio”.

La doctora Marentes recuerda lo que ella ha visto y lo que sus colegas le han contado en el mundo del alto rendimiento: estrés, fatiga y hasta abusos sexuales. Contra todo eso tienen que lidiar los atletas en su lucha por alcanzar sueños como los Juegos Olímpicos, y eso “se vuelve una cuestión de identidad y de supervivencia”. Las consecuencias están documentadas: depresión, drogadicción, agresividad y el suicido.

“Esto ocurre porque no se le da un espacio a un especialista que esté supervisando la salud mental pero además porque los entrenadores y staff realmente no toman en cuenta esta parte. Ellos les dicen a los atletas ‘ya estás lloriqueando, mariconeando, en mis tiempos yo no hacía eso’, entonces los atletas viven con estas exigencias mentales. La calidad del bienestar psicológico no se toma en cuenta en el alto rendimiento”.

La formación académica especializada de Marentes empezó en 2007 y continúa hasta la fecha en España. Eso le ha permitido vivir diferentes ambientes, por lo que señala que un correcto cuerpo psicológico en el deporte se debe componer de al menos tres personajes: el neuropsicólogo, enfocado en la parte química-orgánica; el clínico, para atender problemas que surgen en la vida cotidiana; y el deportivo, que observa a detalle los entrenamientos y analiza los antecedentes de cada atleta.

“Un psicólogo del deporte puede, con un muy buen entrenamiento, prevenir síntomas clínicos. Va a conocer las habilidades cognitivas, conductuales, gestión de emociones y a comenzar a preparar al atleta, eso es un entrenamiento en psicología deportiva. Es básico, pero en los medios y en el diálogo socio-cultural seguimos con eso de que atender la salud mental es un estigma. Yo veo otras cosas más allá de eso: se trata de atender una sobre exigencia mental terrible.

“Se necesita mucho trabajo de prevención y que los equipos deportivos entiendan que la psicología no atiende a personas que están locas, que los psicólogos tampoco le van a quitar su trabajo a los entrenadores, no somos madres de los atletas, somos profesionales que trabajan los factores psicológicos que te ayudan a rendir mejor en cualquier contexto”.

Lewis Hamilton y Serena Williams fueron algunas de las figuras del deporte que se unieron a Naomi Osaka con mensajes de apoyo para poner mayor atención al bienestar psicológico.

El investigador Matthew Smith, de la Universidad de Strathclyde en Glasgow, Escocia, hizo un análisis de que los atletas están más abiertos a hablar de este tema en la última década. Citado por el New York Times, describe que los deportes han sobrevivido llenos de problemáticas como racismo, homofobia, sexismo y perfeccionismo, lo que contribuye a generar daños en salud mental a los atletas, pero ya se ve una mayor apertura a hacer públicas estas presiones.

Lo que hemos visto con Naomi o Phelps, ¿es un parteaguas para modificar la atención a la psicología de los atletas?

“Tanto como modificar no lo creo, pero sí es, definitivamente, una oportunidad para que muchos otros atletas y equipos comiencen a expresarse más. Hablar más de salud mental en el alto rendimiento es algo que se pide a gritos desde hace muchísimo tiempo. Ahora es una oportunidad para visualizar más y los grandes atletas pueden ayudar a difundir el tema a gran escala, para que nuestros contextos nacionales y locales empiecen a visualizar esta situación”, concluye la especialista.

fredi.figueroa@eleconomista.mx