Siempre, en todos los Mundiales de Futbol se destacan polémicas de orden político o social domésticos, roces geopolíticos, cuestiones humanitarias, pero Qatar 2022 se ha enfrentado a toda duda desde que fue elegido como sede en el 2010 en la reunión del Comité Ejecutivo de la FIFA en Zurich. A un año de debutar como sede y con selección mundialista, la territorialmente pequeña "ciudad Estado" ha demostrado en una década su acelerado desarrollo y consolidación en el deporte como herramienta de soft power.

Joseph Blatter, ex presidente de la FIFA no creyó en Qatar, señaló que fueron favorecidos por Francia, a través del apoyo del ex presidente Nicolás Sarkozy, como algo 'chueco', pero la misma FIFA le dio el revés a Blatter, pues le quitó el poder en el 2015 investigándolo por corrupción.

"En decisiones tan importantes como la atribución de un Mundial es muy posible que el dinero circule y que alguien se lo meta en el bolsillo. Es la primera vez que una intervención política cambia una gran decisión del futbol, (...) En el plano social y climático fue un gran error dar el Mundial a Qatar", dijo Blatter.

Alberto Lati, periodista deportivo mexicano cuenta en su podcast Biblioteca Futvox que en una entrevista que tuvo con Blatter hace 12 años, el mandatario no daba crédito a que un territorio que se recorre en aproximadamente dos horas de Norte a Sur y que no era comparable con los gigantes países con tradición futbolera pudiera ser la mejor opción para el Mundial. 

El interés por el negocio del futbol occidental inició a través de las venas francesas. Qatar con el peso de su patrocinio y nombre entró en el 2011 a la Ligue 1 como dueño del PSG, se hizo de los derechos de transmisión con la cadena televisiva bein Sports. La expansión rebasó la frontera europea y ahora Doha es poseedor de la Copa del Mundo, pero no es suficiente, quiere también los Juegos Olímpicos y Paralímipicos de 2032, el Comité Olímpico de Qatar competirá contra el interés expuesto por Australia, India e Indonesia y sabe que puede conseguirlo cuando potencias como Inglaterra fueron descartadas por no tener suficientes votos en la elección para albergar el Mundial del 2022. Una elección histórica al ser la primera en la que se eligieron dos sedes mundialistas. 

La experiencia, Qatar la ha puesto en marcha. Ha sido sede de eventos deportivos como los Juegos Asiáticos en 2006, el Mundial Indoor de Atletismo en 2012, los Mundiales de Natación en 2014, de Handball en 2015, de Ciclismo en Ruta en 2016 y este 2021 debutó en la Fórmula 1.

Qatar se ha construido como un megáfono de Medio Oriente, zona del mundo de mucha guerra, de conflictos étnicos, de señalamientos por violación a los derechos humanos. Los trabajadores que tienen en sus manos dejar los estadios listos para el Mundial han sido el foco rojo. Este mes, un nuevo informe de Amnistía Internacional de 48 páginas titulado Reality Check 2021, cita a una trabajadora migrante que dice que su empleador la amenazó cuando quería cambiar de trabajo y le dijo que tenía que pagar 6000 riales qataríes, que son más de cinco veces su salario mensual. Es un ejemplo de lo que Amnistía ha perseguido en cuanto a la vigilancia de las reformas laborales, que buscan mejorar la vida de los trabajadores, anular las prácticas como la retención de salarios y el cobro a los empleados por cambiar de trabajo.

El gobierno de Qatar ha rechazado las conclusiones de Amnistía. Con todo, defienden su Mundial como momento importante de inclusión geográfica.

La fiesta más grande del futbol considera la inclusión continental, ya pasó por Sudáfrica 2010 (África), Rusia 2018 (Asia) y regresará América del Norte en el 2026, con México portando estandarte de tercera experiencia mundialista y por primera vez, será una sede compartida con Estados Unidos y Canadá.

Al menos 50,000 mexicanos asistirán a Qatar 2022; deberán evitar alcohol en el estadio, usar ropa ajustada, escotes y bermudas; respetar a las mujeres y hombres árabes y su vestimenta, alertó el agregado cultural de la Embajada de México en ese país, Paulino Robles-Gil Cozzi, durante una plática para la UNAM este año.

El país lleva años apostando por el deporte para mejorar su imagen internacional y estos torneos son esenciales en la estrategia de Qatar para diversificar su economía y reducir su dependencia del gas y el petróleo", subraya Simon Chadwick, analista de la Universidad EM Lyon.

Nasser Al Khater, director general de la Copa Mundial de 2022, defendió al país en una mesa redonda virtual con periodistas el pasado sábado 20 de noviembre. 

"Qatar ha sido injustamente tratado y examinado, creo, injustamente tratado durante varios años".

Negó las acusaciones del Departamento de Justicia de Estados Unidos de que se habían pagado sobornos para asegurar los votos cuando a Qatar se le concedieron los derechos de organización en 2010. También defendió los avances del país en materia de derechos humanos, señalando las recientes reformas laborales, pero advirtiendo que aún queda trabajo por hacer.

Románticamente, se dice que el futbol y el balón se vuelven un idioma universal en un Mundial. Partidos de 90 minutos en los que solo los jugadores tendrán el control y como en todo Mundial, las polémicas domésticas e internacionales circulan como satélites.

marisol.rojas@eleconomista.mx