El rival más poderoso para un atleta mexicano es él mismo y el enemigo habla así: "es que ese ruso está bien alto, me va a alejar en la salida, ¿para qué compito si están bien ´mamey', fuertes y flacos? Es menosprecio, es pesimismo, peor, es algo cultural".

Ricardo Vargas compartió con El Economista sobre lo que hablan entre algunos competidores mexicanos. En la alberca, antes de subirse al banco de salida para saltar al agua, va contra la bacteria de esa mentalidad y hace lo siguiente: "Mientras están voceando, me acerco al agua, me mojo para aclimatarme, miro la longitud de la alberca, imagino mi prueba y pienso que pase lo que pase al salir del agua habré dado mi 100% y eso me hace feliz".

El nadador, que representó a México en el Mundial de Natación en Budapest, compite bajo sus propias exigencias, no repite el patrón de la inseguridad y comparación. Al contrario, identifica que lo único que nos diferencia de los extranjeros es la mentalidad .

Al respecto, el complejo de inferioridad del mexicano es algo que ya ha sido explicado por grandes escritores de la literatura mexicana. El sociólogo y antropólogo Roger Bartra señala que este sentimiento se detecta en la conducta del mexicano cascarrabias, el derrotado, el pobre, el feo, el moreno, el sucio, el borracho, el vago.

"El mexicano es tan inferior que tiene una susceptibilidad extraordinaria a la crítica y la mantiene a raya anticipándose a esgrimir la maledicencia contra el prójimo" , explica.

En otra perspectiva, el filósofo Leopoldo Zea plantea que en la identidad del mexicano nos sentimos disminuidos, reducidos, sin más posibilidad que ocultarnos hipócritamente o exhibirnos cínicamente , y en sus escritos cuestiona: ¿Desde cuándo se han hecho patentes esos sentimientos? ¿Cuándo empezó el mexicano a sentirse inferior, insuficiente o resentido? .

Entre otras letras, José Vasconcelos explicaba que entre los mexicanos "hay divisiones culturales, religiosas, económicas y se dan por nuestra geografía (...) que sigue siendo un obstáculo de la unión. Pero si hemos de dominarlo, será menester que antes pongamos en orden al espíritu, depurando las ideas. Mientras no logremos corregir los conceptos, no será posible que obremos sobre el medio físico en tal forma que lo hagamos servir a nuestro propósito" , indica.

Deshacerse de esta mentalidad remite a algo complejo, pero en nuestra era y desde la plataforma del deporte, Ricardo Vargas no se queda callado y ha cuestionado a los atletas mexicanos que se comparan de esta manera: Oye, no seas así, ¿por qué menosprecias tu trabajo? Tú eres mexicano, ellos podrán ser chinos, japoneses, rusos y tienes lo mismo que ellos .

Ricardo ya participó en los Juegos Olímpicos de Río y en el Mundial de Budapest su competencia es con marca B en los 400 metros combinado, 400 metros libre, 200 libre y 1,500 libre.

Muy joven, pero su vida como nadador se remonta desde los cuatro años de edad y se formalizó a los 12 años, cuando comenzó su carrera como deportista de alto rendimiento y desde entonces, comenta que en su rutina diaria nada dos horas en la mañana, dos en la tarde y hace una hora de ejercicio fuera del agua.

Terminó la preparatoria en el Tec de Monterrey y en agosto próximo migrará a los Estados Unidos a estudiar becado la licenciatura en Economía en la Universidad de Michigan. Un lugar de buena reputación para los nadadores, porque ahí estudió y entrenó uno de sus ídolos: Michael Phelps, quien después de una etapa difícil por el consumo de alcohol, desarrolló su carrera con el entrenador Bowman en el equipo Club Wolverine de esa Universidad.

Phelps estudió Mercadotecnia y Gestión Deportiva y a partir del 2006, comenzó a establecer sus récords mundiales.

"Siempre decimos que 20% es físico y 80% mental. Admiro a Phelps, no lo conozco, lo he visto, lo he saludado y sé que para llegar a lo que hizo pasó por mucho. Admiro también a Sun Yang de China, que tiene récord mundial en la prueba, que nadó y cambió totalmente la forma de nado. La gente lo ve y pareciera que no se esfuerza en nada. Yo quise adoptar su técnica, su forma de nadar, la fuerza con la que hace la brazada, me ha costado años".

Ambos atletas son para Ricardo sus dos grandes psicólogos.