Moscú. Sadio Mané es un velocista, apenas toma la pelota, le da un toque y ya le saca dos pasos de ventaja a su rival. Lo suyo es la explosión, correr con el balón por la banda izquierda, quitarse defensas de encima y sacar un disparo a portería. Quienes tratan de empujarlo, derribarlo, le jalan la playera, le dan de patadas y, algunas veces, el delantero cae.

Es fácil identificar al delantero que juega en Liverpool en la cancha del estadio Spartak, los zapatos blancos de New Balance y la franja rubia en su cabeza lo distinguen de sus 10 compañeros, que juntos forman a la Selección africana más valiosa de la historia: Senegal (300 millones de euros).

¿Cuántos niños inspiraste esta tarde Mané? La única Selección africana que ha ganado en la primera jornada del mundial de Rusia 2018 ha sido la que comanda Sadio Mané, el capitán de los Leones de la Teranga. Un autogol de Thiago Cionek y un tanto de Mbaye Niang le dieron el triunfo a Senegal 2-1 sobre Polonia y como hace 16 años, en su primera Copa del Mundo, los senegaleses iniciaron con una victoria.

Aquel partido fue inspirador para Mané, que con 10 años de edad vio cómo Papa Bouba Diouf marcaba el primer gol de su selección en un mundial, lo hacía ante Francia que era la campeona del mundo, en el resultado más sorpresivo del mundial de Corea-Japón del 2002.

En ese equipo también se encontraba Aliou Cisse, el actual técnico de la Selección senegalesa y quien es el entrenador que menos salario recibe de los 32 estrategas que participan en Rusia 2018, con 200,000 euros anuales.

Sadio es el segundo futbolista africano mejor cotizado, con 70 millones de euros según Transfermarkt, y sólo detrás de su compañero en Liverpool, Mohamed Salah. Pero la historia de Mané en el futbol comenzó como una de las millones de historias en Senegal, un país con los peores índices de desarrollo humano, las familias sobreviven con 863 euros anuales y si la deuda externa dividida entre todos los habitantes del territorio, les correspondería 521 euros a cada uno.

Sadio tuvo que dejar Sedhiou, una localidad al sur de Dakar de sólo 2,000 habitantes, para hacer una prueba en la Generation Foot, la academia más importante de futbol de Senegal.

Ahí llegó a los 14 años, con los zapatos rotos, y un pantalón desgastado. Por eso, en recuerdo de su infancia, en mayo pasado mando 300 playeras de Liverpool a su ciudad natal, para que apoyaran al equipo en la final de la Champions League.

En el estadio Spartak de Moscú, Sadio comandó a un equipo que vale 299 millones de euros, se encuentra en la posición 11 de 32 selecciones en la competencia y supera a naciones como Polonia (274 millones de euros); Colombia (254 millones) y México (154 millones) y donde todos los integrantes de la selección juegan en ligas extranjeras. A veces para seguir tus sueños debes dejar tu país, así lo hizo Mané y a los 20 años se fue a jugar a Francia.

Ahí se formó en la academia del FC Metz, en seis años ha cambiado de equipo tres veces y sus fichajes han significado 68 millones de euros en transferencias. Su paso Salzburgo, Southampton y Liverpool ha forjado su estatus de velocista, goleador y asistidor.

El despliegue físico de Mané desborda a los defensas que enfrente, la víctima se llamó Lukasz Piszczek, el defensa polaco que en una semana cumple 33 años. Siempre vio el número 10 en la espalda de la playera verde, perseguía al delantero de Liverpool y trataba de detenerlo.

Fue una misión asfixiante no sólo detener a Sadio, también a Ismaila Sarr, mediocampista que comenzó su formación en el futbol en la misma academia que Mané, la Generation Foot de Senegal.

Quizás, Sadio e Ismaila serán los Papa Bouba Diouf o Aliou Cisse de Senegal. La generación más valiosa de África es la única que ganó su partido, hasta el momento, en Rusia 2018.

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