Experiencia, inspiración, títulos de campeón y partidos, muchos partidos son las cualidades que reúnen los capitanes de los cuatro equipos semifinalistas y que por su posición son líderes dentro de los planteles que buscan llegar a la final del Apertura 2018.

“En el deporte, el liderazgo es como decía Vince Lombardi: el líder se va haciendo con base en experiencia”, indica Ángel Palma, consultor en imagen pública y especialista en la industria deportiva del futbol mexicano.

Los cuatro capitanes de las semifinales son jugadores maduros. Superan 30 años de edad, han ganado campeonatos con sus respectivos equipos, algunos hasta han jugado en el futbol eurpeo y llegaron a dicha posición por dos vías: por designación del entrenador en turno o por votación de sus propios compañeros que observaron en ellos la cualidad para representar los intereses colectivos.

“El líder tiene que inspirar, tiene que despertar acciones y sensaciones en sus compañeros”, añade Ángel Palma.

En experiencia de Eduardo de la Torre —ex director deportivo de Cruz Azul—, los capitanes deben cumplir varias funciones dentro del plantel y por su posición asumen una figura de liderazgo natural para encabezar disputas internas por crisis de resultados, ayudar a la adaptación de jugadores de menor edad o que llegan como refuerzos, así como llegar a acuerdos con la directiva sobre premios económicos.

Por ejemplo: entre los futbolistas más jóvenes de Pumas, Pablo Barrera tiene prestigio de ser paternalista, cuidar los intereses de los más jóvenes y, en algunos casos, repartir más de lo que corresponder a los chicos sobre el reparto de un premio colectivo.

“El líder en el deporte debe estar centrado en principios, que a pesar de su experiencia se preocupe por aprender continuamente, que tenga una vocación de servicio, también es aprender a delegar y creer en los demás, y una parte fuera de la cancha es que dirijan sus vidas de forma equilibrada.

“La mejor manera de enseñarle al grupo e inspirarlo es con el ejemplo”, señala el especialista en imagen pública, como los casos de Jesús Corona y José María Basanta.

El defensa de Rayados levantó el último título de campeón de su equipo, cuando le ganaron la final de la Copa MX a Pachuca hace un año. El futbolista argentino ha sido capitán del equipo en 55% de los juegos de Liga y Liguilla que ha disputado con la playera de Monterrey y su jerarquía ha ayudado a que detener las críticas por las últimas finales perdidas y a gestionar un plantel plagado de estrellas y figuras del futbol mexicano.

“Es un liderazgo histórico por lo que ha ganado y representa para una afición marcada por la pasión que se vive al límite y el aficionado le da un peso muy importante a una figura como Basanta, que ayudó a crecer la historia del club”, señala Palma.

Cuando en el 2012, Luis Pérez dejó Rayados para jugar con Chivas, José María asumió el puesto de capitán, incluso por encima de figuras como Humberto Suazo, Aldo de Nigris y Jonathan Orozco. Después de su etapa en la Fiorentina, retomó la capitanía.

El carácter explosivo de Jesús Corona lo han llevado a cumplir con una serie de sanciones, castigos y hasta de perderse un Mundial, Sudáfrica 2010, cuando Javier Aguirre no lo consideró después de que el portero de Cruz Azul negó una agresión en un estacionamiento, pero que quedó registrada en una cámara de video.

“Destaco su capacidad para ser profesional y dedicarle todo el tiempo a su preparación y de ese modo dar un ejemplo al resto del grupo. Hay líderes de cancha, que por su trayectoria y lo que significan lo manifiestan, no tiene que ser demasiado extrovertido, pero sí con alto nivel de profesionalismo”, así describe Eduardo de la Torre el liderazgo de Corona.

Jesús es el capitán de mayor edad en las semifinales y su experiencia lo avala con un liderazgo de autoridad gracias a su personalidad.

“Cuando se requiere, pasa de esa ecuanimidad a una exigencia y explosividad muy alta, donde puede hasta llegar al reclamo, en la demanda del esfuerzo parejo a sus compañeros”, añadió de la Torre.

Oribe se muestra serio cuando una telaraña de micrófonos rodean su rostro. Su gestualidad es imperceptible, apenas se mueven sus labios, pero sus palabras son escasas. La actitud del capitán americanista cambia cuando se encuentra ante niños que le preguntan sobre sus sueños, sus metas, sus miedos; entonces emerge una sonrisa cómplice, un abrazo y muchos deseos.

“Oribe es el líder más carismático, pero el fan sólo lo alcanza a percibir fuera de las conferencia de prensa”, dice Palma.

En un video de una marca de celulares, Oribe es cuestionado por niños no mayores a 10 años. Es inevitable para el jugador no sonreír.

Quienes conocen a Peralta señalan que nunca utiliza la autoridad que le da la capitanía para imponer sus reglas en el equipo; todo lo contrario, busca la complicidad y colaboración de una broma, apodos y dinámicas en la cancha que aumenten la competitividad, como practicar penales o atajarlos.

“Cada partido me entrego porque sé que debo ser ejemplo de mis compañeros”, expresó Pablo Barrera, después de que Pumas eliminó a Tigres en los cuartos de final. El mediocampista asumió su nuevo rol en el equipo después de una experiencia poco agradable en el futbol europeo, con West Ham y Zaragoza, donde anotó un gol en 43 partidos.

Después, regresó a la Liga MX, jugó para Cruz Azul y Monterrey, pero cuando la inactividad era la única constante en su carrera, Pumas lo retomó para suplir la salida de Ismael Sosa.

“Pablo es alguien importante para nosotros, nos ha hecho saber lo que significa la historia de Pumas”, indica Felipe Mora.

Aunque ha tenido episodios de furia contra decisiones de David Patiño, por sacarlo de cambio en algunos juegos, Pablo es un líder que protege y aboga por los jugadores más jóvenes. Sabe que son los que menos dinero ganan.