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La religión de los dedos chuecos

A Ramiro González la esposa lo ha abandonado ya en dos ocasiones y la única razón del distanciamiento es su pasión por el deporte.

Guadalajara, Jal. A Ramiro González la esposa lo ha abandonado ya en dos ocasiones y la única razón del distanciamiento es su pasión por el deporte. No me importa que me abandone mi mujer, siempre regresa, pero ya quedó claro que yo no abandono el rebote , aseguró el hombre de barriga prominente y gesto ceñudo, que ríe mientras mira atento los pelotazos que retumban en una improvisada pared de madera.

Para él, como para muchos otros zacatecanos, la pasión que ha despertado en sus vidas este deporte autóctono es casi igual a una religión. Y aunque parece un juego de niños, la realidad es que la práctica de esta disciplina requiere de una gran condición física y reflejos que no cualquiera tiene.

Hay que tener una coordinación, fuerza, pero sobre todo maña y resistencia al dolor , explicó Ramiro, quien participa en el Encuentro Nacional de Deportes Autóctonos y Tradicionales en Guadalajara.

Sin más herramientas que unos guantes industriales de tela y ropa cómoda, se juega casi siempre en parejas, la modalidad más gustada por los jugadores y afición debido a su espectacularidad o entre dos personas si es el orgullo lo que se juega.

El rebote, que es la cancha reglamentaria de este deporte, mide 12 metros de largo por 6 de ancho y otros 12 de altura de las paredes, y se calcula que sólo en Zacatecas hay 1,200 rebotes, aunque también hay canchas en Chihuahua, Hidalgo, San Luis Potosí y Aguascalientes.

Se utiliza una pelota de cuero, elaborada de manera artesanal que suele pesar entre 200 y 450 gramos, el reto es, como en el frontón, rebotar la pelota en la pared, usando ambas manos como raquetas para que el contrario responda el saque permitiendo sólo un rebote de la pelota en el piso.

El objetivo es lograr 12 puntos en los partidos más sencillos y cuando se quiere hacer más interesante el juego, se disputan treguas, cada una de 12 puntos y gana el que consiga tres de cinco treguas.

Es más un juego de orgullo, aunque también a veces lo hacemos por dinero, apostamos , afirmó Juan Gabriel López, integrante de la Asociación de Reboteros de Zacatecas.

Las apuestas varían desde un cartón de cerveza hasta los 4,000 pesos. Pero la fama de este deporte ha traspasado fronteras.

Tal es el caso de Jorge Reyes La Perrita, jugador mexicano que en enero próximo irá a Los Ángeles, donde buscará conseguir los 10,000 dólares que se espera alcancen las apuestas simplemente es el mejor, él puede ganarnos a tres de nosotros y con una sola mano, es muy bueno , aseguró entusiasmado Juan Gabriel.

Pero este grupo de jugadores que desde niños practican este deporte, no sólo comparten la pasión por el juego y las apuestas, sino también las consecuencias de pasar golpeando una dura pelota por más de una hora todos los días.

Todos tenemos los dedos chuecos, fracturados, las manos partidas y con callos, cuando das un golpe es como si estuvieras golpeando una pelota de 50 kilos , afirmó López, mientras estira su hinchada mano.

No obstante, la pasión por practicar el rebote es más fuerte y todos aguantan el dolor como si fuera una obligación.

Porque al final, hay que darlo todo en la cancha, pues todos saben que ganar un dinerito con sudor, bravura y una que otra maña es importante, pero nunca más indispensable que mantener intacto el orgullo, lo único que nunca deja de estar en verdadera pelea.

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