Nadie tiene la exclusividad de la pelota, aunque la FIFA parecería tener el monopolio, pero realmente tiene patente de una marca que se llama Copa del Mundo. Pero el balón no les pertenece.

En teoría, que hoy no es más que eso, está por nacer la Liga de Balompié Mexicano (LBM). Pero realmente ¿Qué debe hacer un producto nuevo, cuando hay otro igual que es dueño del mercado? Ésta pregunta si ya se la hicieron en la nueva organización, la respuesta aún puede mejorar.

Es plausible e incluso hasta deseable que se intente crear una Liga en un país dónde los patrocinios llevan estancados 5 años, donde las empresas de TV ejercen un fuerte control sobre el negocio y donde la licencia de pertenecer a la FIFA es de la FMF. Siempre la competencia traerá beneficios.

Pero en el papel, desde el análisis de la industria deportiva queda mucho por hacer para que sea un negocio prometedor, pero el éxito es de quien se atreve, ojalá lo logren y para la Liga MX, nada mejor que algo de “ruido” que aún no competencia, pues le va a servir para mejorar, sobre todo en sus debilidades: mercadotecnia y experiencia del fan.

La competencia no es la tienda de enfrente

La LBM debe tener claro que su competencia NO es la Liga MX, según leo en su página eso piensan, donde afirman “ya hay de otra”. Van perdiendo y aún no salen del vestidor. La competencia de la nueva organización es el mercado de entretenimiento en las localidades donde juegan. Primero ahí tienen que ganar en identidad, experiencia del fan diferenciada del espectáculo de la ciudad, generar recursos que aminoren las pérdidas económicas de las primeras temporadas, porque patrocinios corporativos serán escasos y dependerán de las ventas de impacto social (marcas locales y regionales) en la plaza. No puedes ser una marca nacional, si en tu localidad no eres la opción número uno de entretenimiento.

Pensar en la Liga MX es perder el foco en la innovación, autolimitarse, pues en el afán de ofrecer un “producto mejorado”, aspiran a enmendar errores y no crear nuevas ofertas de experiencias emocionales y atractivas opciones de retorno de inversión a patrocinadores que es justo lo que están buscando.

Repartir las ganancias, es un punto base de su proyecto. Pero, ¿Cuáles ganancias? Para un inversionista es clave entender el proceso por el cual regresa su dinero. Primero hay que lograr retornar lo invertido y en su presentación insisten que los ingresos por boletaje serán importantes. No habrá aficionados por lo menos en el 2020 en los estadios, por lo que el ingreso primario de boletaje y esquilmos está desechado.

Si no tienes talento. ¿Cuál es tu espectáculo?

En el campo la cosa no pinta bien para iniciar. El romanticismo vendido como estrategia social, de dar oportunidad a jugadores mexicanos amateurs y a futbolistas profesionales sin contrato en Liga MX, es una estrategia que bien llevada puede dar dividendos de corte emocional a un nuevo fan y una opinión pública que puede comprar “el apoyo al mexicano” pero eso hay que saber venderlo. Por ahora lo único que garantiza, es que no habrá un nivel de juego de categoría en el césped, que incluso el boomerang puede ser brutal, al saber que es una Liga de jugadores sin posibilidades de Liga MX o “talentos del llano” donde hace más de 50 años dejaron de salir jugadores al profesional.

En una nueva marca, si no se comunican de forma adecuada a patrocinadores, espectadores y medios de comunicación el tipo de oferta del producto, la realidad les cobrará factura, por ello es clave que trabajen en procesos básicos de identidad, pero revisando sus plataformas digitales y la página de internet, parece más un esfuerzo escolar, que profesional. Analizo los comunicados, oferta comercial, imagen gráfica, certezas de fechas, información de equipos y justamente están haciendo lo contrario.

Hoy la LBM no es una Liga que inspire y ese debería de ser el primer sentimiento que deberían de provocar.

¿Quién te ve, quién te compra, quién te quiere?

LA LBM tiene la fortuna de nacer en una época donde los contenidos en vivo son la joya de la corona. Encontrarán quién transmita sus juegos, pero ¿Qué es lo que verá el espectador? Los estadios que han anunciado distan mucho de ofrecer el básico de los major sport: “un escenario envidiable”.

La creación de valor de marca, que en su página se lee, carece de sustentabilidad; no por pensar que por ser futbol ya importan, las marcas valen por su filosofía, su transparencia, por el valor agregado que pueden sumar a clientes, como por ejemplo, la data de a donde quieren llegar, eso no se tiene, no puedes iniciar un nuevo negocio deportivo, sin saber cuál será el perfil de cliente que buscas y que necesidad inconclusa le vas a satisfacer.

Plantean tener una OTT, pero el servicio de contenidos de pago en materia de futbol en México no ha funcionado. Ejemplo: el fracaso de Chivas, que siendo una marca nacional con millones de seguidores no tuvo éxito. Tigres y Rayados ya abandonaron esa estrategia. El streaming por plataformas digitales de forma gratuita es la salida para la LBM.

Pensar que alguien va a pagar por ver sus juegos es mera ilusión, pues al principio no habrá calidad que alguien deseé pagar por ver.

La transmisión de contenidos les servirá para que sus propiedades físicas en campo valgan algo, para conocer a los jugadores y lograr asomo de reconocimiento, hasta ahí, pero la dimensión del espectáculo total carecerá de fuerza. Es clave que micro regionalicen sus esfuerzos. Hoy vale más un impacto emocional, que hablar de masas que no reconocerán a la LBM como un futbol- espectáculo de calidad.

Ojalá consoliden el proyecto, hay futuro, pero aún están a tiempo de redefinir estrategias y sobre todo formas de abordar la compleja industria del espectáculo. En términos de negocios, el Doctor Simi no vende medicinas, vende una opción de bajo costo de bienestar, pues eso.