Moscú.- Ramsés Jiménez viajó 18 horas en tren desde Moscú a Rostov-on-Don sin tener la certeza de que podía entrar a la Arena Rostov, donde México enfrentaría a Corea del Sur en el segundo partido de la fase de grupos del Mundial de Rusia.

Llegó seis horas antes del inicio del juego para verse con un aficionado mexicano que le entregaría un boleto de categoría 3 en 500 dólares, es decir, casi cinco veces más del valor real de la entrada que costaba 105 dólares.

“I need a ticket” era la frase que aficionados mexicanos escribían en un hoja, en el torso o en cualquier lienzo que llamara la atención de los aficionados que estuvieran dispuestos a vender sus boletos con tal de aumentar sus ingresos.

La oferta era tentadora, un boleto para el partido entre México y Alemania llegó a cotizarse hasta en 1,000 dólares para la categoría 2. Eso significaba el gasto de hospedaje y comidas en Rusia al menos por 10 días.

Los aficionados latinoamericanos eran los más activos en el intercambio, compra y venta de boletos, sobre todo porque podían obtener ganancias, a pesar de que por estatutos de la FIFA y de la Federación de Rusia, la reventa de boletos está prohibida. Por eso, se implementó el sistema de entradas personalizadas y el Fan ID, que funcionó como permiso migratorio sustituyendo a la visa.

Ambos fueron requisitos para ingresar a los estadios mundialistas, no bastando sólo con el boleto ni menos si por éste se pagó hasta 5,000 dólares.

“Hay un grupo de WhatsApp que se llama ‘Mexicanos a Moscú’, es ahí donde suben información sobre los boletos, los precios, las categorías y las sedes, porque no sólo son para los partidos de México”, dice Rosy N, una aficionada mexicana que vino a Rusia con entradas para los tres primeros partidos de México en fase de grupos y una  más para el duelo en Samara de octavos de final, esperando que México pasara en el segundo lugar del grupo F.

Rosy, que viajó a su segundo Mundial (el primero fue en Alemania 2006) comenta que conseguir entradas para los partidos ha sido más complicado, porque los boletos son personalizados, llevan el nombre del aficionado, los elementos de seguridad se fijan que sean auténticas las entradas y que pertenezcan a las tres primeras categorías, porque la categoría 4 es sólo para aficionados rusos, tienen un precio especial y la reventa está totalmente prohibida.

“No es un problema el Fan ID, las máquinas sólo detectan que el boleto no haya sido utilizado. Los boletos y el Fan ID para los aficionados rusos sí son diferentes, y ahí no es posible ingresar a los juegos con esas entradas”, dice Ramsés Jiménez.

Los aficionados no utilizaron la plataforma que abrió la FIFA para la devolución de boletos del Mundial de Rusia 2018. Advirtiendo sobre la prohibición sobre la reventa de entradas, el organismo abrió un canal donde los fans registraban los boletos que no ocuparían y se les hacía un rembolso del ticket, menos 10% por el gasto de operación de la plataforma.

“Aquí, en Rusia, tuve hasta siete aficionados interesados en mi boleto para el juego ante Suecia, lo tuve que vender porque me dieron 450 dólares. Ahora, estoy esperando a un amigo que me venderá un boleto de categoría 3 en 250 dólares, gané por lo menos 200 dólares”, dice Rosy, que explica que así ha costeado su viaje a Rusia.

Los precios de los boletos para los aficionados rusos tienen un costo de hasta 10 veces menos que el precio a los aficionados internacionales. Por ejemplo, por un boleto para los cuartos de final los aficionados locales pagan 65 dólares, mientras que para el resto de los fans el monto a pagar va desde los 165 hasta 375 dólares.

La multa por la venta ilegal de entradas en Rusia está estipulada entre 20 y 25 veces el coste del boleto y nunca menos de 50,000 rublos (unos 850 dólares).

Incluso en caso de que el infractor sea un funcionario público el castigo será hasta 30 veces el precio de la entrada y al menos unos 150,000 rublos (2,500 dólares).

La falsificación de entradas o de documentos que permitan recibir boletos para los partidos mundialistas implica multas de 70,000 rublos (1,200 dólares); 200,000 rublos (unos 3,400 dólares) para cargos públicos y de hasta millón y medio de rublos (unos 25,000 dólares).

La reventa en Rusia sólo está al alcance de los aficionados extranjeros, son ellos quienes la fomentan y practican, todo por seguir a su Selección.

“Ahora ando buscando vender o cambiar los boletos de Samara por los de San Petersburgo, no importa lo que tenga que pagar pero podemos ver historia”, dice Andrés Chávez, un aficionado que vive en Querétaro y que después de la victoria ante Corea del Sur, estaba dispuesto a pagar hasta 1,000 dólares por ese juego.

La reventa ha sido para los fans la mejor opción para vender, cambiar y hacer negocio, sobre todo por la incertidumbre de si su país jugará la siguiente ronda.