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Despedirme en ?la México da nostalgia

El torero se cortará la coleta este domingo, luego de 30 años como matador de toros, compartirá cartel con Fabián Barba y David Mora, para lidiar un encierro de Marco Garfias.

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Una difícil decisión, quizá de las más importantes en su vida, como aquella de hace casi 20 años en la que estuvo a punto de enrolarse en las filas de los subalternos, que sin demeritar el valor y coraje que se necesita para tomarse, llegó como todo en la trayectoria de un ser humano.

Así, Manolo Mejía ha decidido cortarse la coleta este domingo en la Plaza México, luego de 30 años como matador de toros, donde compartirá cartél con Fabián Barba y David Mora, para lidiar un encierro de Marco Garfias.

Un sinfín de recuerdos, anécdotas y sinsabores ha vivido el torero de Tacuba desde aquel entonces.

Su presentación, siendo apenas un niño de ocho años en 1973, luego un centellante paso por las filas novilleriles, donde, junto a Ernesto Belmont y Valente Arellano se dio el lujo de llenar la Monumental de Insurgentes en aquellos años.

Llegó la alternativa y las cosas no le rodaron como era de suponerse, los golpes bajos fuera del ruedo que provocaba ser el alumno privilegiado del desaparecido Manolo Martínez, El Mandón, dificultaban su crecimiento como matador y a punto estuvo, de dar fin a su carrera y convertirse en hombre de plata.

De pronto, se encontró en un jueves taurino ya con 10 años como matador, era el año de 1983, cuando en esa corrida de oportunidad le realizó una de las faenas más memorables del Coso Grande al toro Costurero de Garfias, faena a la que le siguieron triunfos importantes como el indulto de Salamero y las orejas y rabo de Desvelado, ambos astados de la ganadería de Manuel Martínez Ancira.

Ya convertido en figura del toreo, vinieron grandes faenas como la realizada a don Fer, de El Junco, que le valieron dos orejas en el 2008 y la de Lagunero de Autrique al que le cortó dos apéndices en el 2010.

Culmina una excelente carrera, la de un diestro con gran capacidad en la lidia de reses bravas y quien se puede considerar afortunado, pues existe para él la posibilidad de no dejar el mundo de los toros, ahora, como instructor, dejó entrever en su charla con El Economista.

Hay inquietud de que formen un patronato, de que sea yo el que esté al frente de una escuela taurina y hay el deseo por mi parte de que así sea. Despedirme en la México me da nostalgia, es la plaza que me consagró como figura del toreo y es dar el cerrojazo con broche de oro , argumentó el torero.

Un Matador humilde, nada mezquino, que ansía compartir los secretos adquiridos a lo largo de su carrera y pondrá a las nuevas generaciones en muy buenas manos.

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