Vicente del Bosque (Salamanca, España, 1950) es el único capaz de controlar a un equipo de Galácticos. Así lo demostró en el Real Madrid a principios de la década y ahora hace lo propio con España. En ambos, sus equipos han estado en finales, ahora toca turno a La Roja.

Su escuela madridista, donde creció como entrenador, le ha dotado de una capacidad de manejar la presión casi como un dote de cuna. La prueba de fuego la pasó en el banquillo del Real Madrid. Con Zidane, Beckham, Figo, Ronaldo, Raúl y Casillas logró a todos mantenerles contentos en un equipo donde no siempre jugaban las estrellas y les convenció para siempre impulsar al equipo.

Es un técnico que se ha dedicado a ver todo el futbol del mundo, pero siempre aprendiendo de las relaciones humanas. Se sabe que su política de mediación entre el cuerpo técnico e incluso con los jugadores es lo que le respalda en la toma de decisiones.

Su maestro se llama Toni Grande, un histórico del Real Madrid, quien le enseñó todos los secretos de la táctica. Trabajó desde 1997 como segundo entrenador del equipo y fue ahí donde la relación empezó a darle frutos.

La filosofía de Toni escapaba de cualquier otra. Antes, la relación entre jugadores y entrenador sólo era de órdenes y Grande empezó a tomar en cuenta a los futbolistas, preguntándoles en dónde se sienten más cómodos para jugar, qué problemas familiares tienen, así Del Bosque perfeccionó el estilo y los futbolistas lo ven como un padre.

Hasta el momento ningún jugador estrella le ha hecho gestos al Bigotón. Su calidad de ser humano, cuentan sus allegados, orilla irremediablemente a que haya un compromiso, es casi natural.

Así, Del Bosque está a un paso de convertir a España en campeona del mundo. No es el técnico más estudioso ni el más analítico, pero sus cualidades en el pizarrón sumadas a su calidad individual hacen que todos ofrezcan 200% en cada partido.