A los 15 años, la clavadista Carolina Mendoza fue una de las atletas mexicanas más jóvenes en debutar en unos Juegos Olímpicos cuando asistió a Londres 2012. Lo que para muchos representaría una de las mejores experiencias en la vida de un atleta, para la originaria del Estado de México fue una etapa confusa de la que se fue con un sabor amargo.

“Yo había clasificado en quinto lugar en Copa del Mundo y muchos me colgaban medalla para Juegos Olímpicos. La presión aumentó muchísimo, estaba muy chica, no fui bien guiada, no tenía un psicólogo, no sabía a lo que me enfrentaba. Dejé mucho tiempo de disfrutarlo, me costó bastante trabajo”, explicó la clavadista a Ellas en el deporte.

Nueve años después, volvió a conseguir su boleto olímpico. Desde entonces, ha adquirido experiencia en diversos certámenes, sumando horas de trabajo, cambiando de entrenadores; también adquirió madurez con la ayuda de psicólogos, aprendiendo a manejar sus emociones y buscando tener la mente en armonía y tomando sus propias decisiones.

“Me siento en paz, he aprendido muchísimo durante todos estos años. Ha sido un proceso largo, he tenido eventos buenos y malos, sin embargo, sí creo que me han ayudado todos a crecer. Ahora, veo los Juegos Olímpicos de manera totalmente diferente, mucho más madura en mi persona, en mi deporte y creo que ahora lo disfruto más que nunca”, expresó en entrevista con El Economista.

Esos aprendizajes le permitieron ganar la plaza a los Juegos de Tokio 2020 en una prueba que había sido dominada por la multimedallista Paola Espinosa.

Asimismo, avanzó del puesto 21 en Londres en la plataforma de 10m al cuarto lugar en la prueba de trampolín 3m sincronizado junto a Dolores Hernández en Tokio 2020.

Todo atleta en Juegos Olímpicos va con el sueño de una medalla, sin embargo muchos de ellos, como en el caso de Carolina, priorizan como objetivo dar lo mejor de ellos en las competencias.

Hubo un periodo de nueve años entre tus primeros Juegos y los segundos. ¿Cómo se mantiene una atleta al máximo nivel durante tanto tiempo?

“Es constancia. Y no soy yo, todos mis resultados son resultado de un trabajo en equipo, tenemos un preparador físico, a mi psicóloga, un fisioterapeuta, los entrenadores, la familia que es una parte importante, el círculo con el que te rodeas es fundamental y básico, saber con las personas que cuentas. Toda la parte física para que yo esté entera en todas mis competencias. Se viene haciendo un trabajo de atrás, con un macrociclo donde sabemos cuándo tenemos cargas fuertes, cuándo hay que bajarle, teniendo las fechas claras. Es un esfuerzo y logro de un equipo completo que viene atrás de nosotras en el que confiamos ciegamente”.

Por primera vez, México tuvo representación completa en las diferentes pruebas de la disciplina. A Tokio viajó un equipo de clavados enriquecido con juventud y experiencia, con veteranos que viven su segunda, tercera y hasta cuarta experiencia olímpica como la misma Carolina, Iván García y Rommel Pacheco, respectivamente, y chicos que, además de vivir su primera experiencia en la justa veraniega, también son muy jóvenes, como Osmar Olvera (17 años), Aranza Vázquez (18 años) y Gabriela Agúndez (20 años).

Para Carolina no existe una edad específica para la práctica de los clavados. Explica que en este deporte no se trata de la juventud o la veteranía, sino la trayectoria y experiencia acumulada, más la preparación mental.

¿Qué le aconsejaste a tus compañeros que viven por primera vez la experiencia de unos Juegos Olímpicos?

“Que lo disfruten mucho, que lo vivan plenamente, porque en mis primeros Juegos Olímpicos los pasé como de noche, de repente acabó y yo estaba muy confundida porque no sabía qué había pasado. (...) Todos tienen experiencia, ya han ido a Mundiales, todos tienen la experiencia y madurez para hacer un buen papel a pesar de que sean sus primeros Juegos. Tienen el nivel de estar al tú por tú contra los mejores y lo más padre es que ellos tienen este anhelo, de obtener esa medalla, ese buen resultado y de dar lo mejor de ellos (...) Estoy contenta porque es una nueva generación y es un parte aguas para dejar esa huella para las generaciones que vienen atrás de nosotros”.

fernanda.vazquez@eleconomista.mx