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Bill Belichick, el cerebro patriota
En 1993, aficionados de Cleveland le gritaban que se fuera del equipo, su récord en tres temporadas fue de 20-28; ahora, el entrenador en jefe de Nueva Inglaterra vive en la gloria.

Unas semanas antes del primer juego de Bill Belichick como entrenador principal de los Browns de Cleveland, en el verano de 1991, Art Modell, el propietario del equipo, lo convocó a su oficina junto a Ernie Accorsi, el vicepresidente ejecutivo. Nada malo, recuerda Accorsi, Modell sólo quería discutir algunos asuntos triviales.
Poco después de que iniciara la reunión sonó el teléfono; Modell atendió la llamada. Belichick estaba inquieto y jugaba de manera nerviosa con su cuaderno mientras los minutos transcurrían. Eventualmente, Belichick decidió que había sido suficiente, cerró su computadora portátil, le dijo a Accorsi que le avisara cuando la llamada terminara y salió de la oficina.
“Si alguien malgasta el tiempo de Belichick, él no puede tolerarlo”, dijo Rick Venturi, un antiguo entrenador asistente de los Browns. Esta anécdota refleja el carácter de Belichick: impaciente, eficiente al extremo y poco dispuesto a esperar a alguien, incluso a su propio jefe. Mucho tiempo antes de que ganara múltiples Super Bowls, de su encumbramiento de una dinastía junto a Tom Brady, las conferencias de prensa desangeladas o el ascenso de Belichick entre los entrenadores legendarios del futbol (estando al borde de un sexto campeonato y más allá de esos grandes), tenía la misma personalidad: meticuloso implacable, casi obsesionado con maximizar cada segundo de las 24 horas del día.
Cualquiera que insinúe que Belichick estaba predestinado a forjar un camino legendario —y con cinco campeonatos en su haber, actualmente hay muchos que se atreverían a sugerirlo— está olvidando los cánticos hostiles, el forzoso resguardo policial y las salidas furtivas para huir del crispado ambiente de Cleveland. Sin embargo, sí había algunos indicios de que Belichick se convertiría en Belichick, incluso cuando no era más que otro hombre de 39 años asumiendo un nuevo trabajo. En aquel entonces, no contaba con un sistema probado más allá de lo que había estudiado con su padre, un visor de la NFL, y de la experiencia que adquirió bajo la tutela de Bill Parcells, un entrenador y mentor con cierto reconocimiento. “Haz tu trabajo” todavía no era una consigna en favor de la responsabilidad o un título de documentales; era un estado de ánimo crudo que inspiró a algunos de los asistentes de Belichick y lo confronto con otros.
“Estábamos maniatados, digámoslo así”, dijo Gary Tranquill, quien entrenó a los mariscales de campo de los Browns durante tres temporadas antes de decidir que estaba harto de su obstinado jefe y renunció, luego de la racha negativa de 7-9 que consiguió Cleveland en 1993. “No me divertí entrenando ahí. Es tan simple como eso”.
Belichick era exigente y sarcástico, y esperaba que sus asistentes “extendieran el día”, como solía decir. Eso significaba hacer más de lo que estaban acostumbrados a hacer en otros trabajos. Belichick exigió a sus entrenadores que se prepararan para cualquier escenario en el campo, sin importar cuán improbable fuera. Incluso cuando los entrenadores rompían filas durante las vacaciones de verano, Belichick les asignaba lecturas para prepararse.
Cuando Accorsi contrató a Belichick, que había decidido dirigir a los Browns en lugar de los Buccaneers de Tampa Bay, le dijo que llevaría a cabo un cambio drástico en la nómina del equipo.
Figurilla de arcilla
En las primeras tres temporadas de Belichick en Cleveland logró 20 victorias por 28 derrotas, y en 1993 los fanáticos habían comenzado a referirse al entrenador como Mr Bill, “la figurilla de arcilla en Saturday Night Live cuyas intenciones eran buenas pero cuyas desventuradas decisiones a menudo lo llevaban a ser mutilado por la mitad.
En 1993, el Columbus Dispatch se refirió a Belichick como un “payaso” y los fanáticos descontentos marcharon en Berea, Ohio, para protestar contra el entrenador con carteles que decían “Renuncia, Belichick”. Después de que Belichick descartara a Bernie Kosar, el popular mariscal de campo de Cleveland, los fanáticos se infiltraron en el túnel del Estadio Municipal después de una derrota para cantar “¡Bill debe irse!”, entre otros insultos. Durante los momentos más difíciles, el hombre que se convertiría en el mejor entrenador de la historia tuvo que ser escoltado por la policía en su casa y en las instalaciones de los Browns.
“No me estoy postulando para alcalde”, dijo Belichick, aún sin ser el personaje que actualmente murmura y actúa con desparpajo en las conferencias de prensa. “Dirijo un equipo de futbol y no se puede hacer felices a todos”.
Los Browns de Belichick ganaron 11 juegos en 1994 para llegar a los playoffs, racha que sus partidarios consideran como una pista del genio del entrenador, pero un año después Modell anunció que reubicaría su franquicia en Baltimore. Después del anuncio, el equipo comenzó la temporada con un récord de 4-4 y perdió siete de sus últimos ocho juegos.
Para enfrentar la hostilidad, Belichick programaba sus prácticas fuera de la ciudad. “Era muy deprimente estar en la ciudad”, dijo Venturi, y agregó que desde entonces resultaba inevitable que Belichick y su equipo de trabajo fueran despedidos el final de esa temporada. Entonces Modell admitió que, si el traslado del equipo era aprobado, empezaría de cero. Además, prefería un entrenador más simpático y menos intenso; trató de sacar a Don Shula de su retiro, aunque finalmente reemplazó a Belichick con Ted Marchibroda.
En cuanto a Belichick, se unió a Parcells como entrenador secundario de los Patriots, con quien parecía que las cosas podían funcionar. El propietario de los Patriots, Robert Kraft, quien en febrero de 1996 planeaba votar contra el traslado de Cleveland, cambió de opinión el día de la reunión y emitió uno de los votos decisivos para apoyar a la franquicia que eventualmente se convertiría en los Baltimore Ravens. Kraft había observado a Belichick cuando se desempeñaba como entrenador asistente y lo reclutó para remplazar a Pete Carroll como entrenador de los Patriotas de Nueva Inglaterra en el año 2000. Para entonces, la filosofía de Belichick había evolucionado, su temperamento frente las cámaras se había hecho más hosco, su impaciencia y naturaleza exigente se habían potenciado.
Esas cosas eran diferentes, pero su primera temporada con los Patriots parecía que nada había cambiado: Nueva Inglaterra tuvo marca de 5-11. Un año antes, Belichick había reclutado a un joven mariscal de campo llamado Brady y a pesar de llegar al Super Bowl en la temporada 2001 con una probabilidad de 60 a 1 de ganar, lograron derrotar a los favoritos, St Louis.
Poco antes de ganar el Super Bowl, el programa de Belichick había empezado a tomar forma en el campo de entrenamiento. Accorsi, el hombre que había contratado a Belichick una década atrás y quien entonces era el gerente general de los Gigantes —había sido el arquitecto de un equipo que llegó al Super Bowl el año anterior, aunque perdió contra los Cuervos de Modell— acordó con Belichick que los Gigantes de Nueva York visitaran Bryant College en Rhode Island para participar en una serie de prácticas conjuntas con los Patriots en agosto del 2001, no tenían idea de que estaban presenciando el comienzo de algo histórico.