Holanda buscó en la media tabla de su Liga al hombre que los tiene hoy en la final. Antes del Mundial de Bert van Marwijk (Denveter, Holanda, 1952) se conocían sólo detalles, pero nada del otro mundo.

Luego de Louis van Gaal,­ Guus Hiddink, Frank Rij­kaard, Dick Advocaat y Marco van Vasten, los directivos le quitaron los reflectores a la dirección técnica y llamaron a un técnico cuyos máximos logros fueron el título del Feyenoord en la Copa UEFA de 1992 y la Copa de Holanda con el mismo club en 2008.

Jugó con la Naranja Mecánica y conoce bien sus debilidades. Por eso cambió su sistema de juego con la filosofía de modificar la mentalidad del futbol de aquel país.

Se define como un entrenador realista-idealista. Jamás se pone metas que no puede conseguir, en pocas palabras es demasiado pragmático para ser holandés.

Es fanático de los jugadores polivalentes, dicen que ésa fue la razón del porqué descartó a Van Nistelrooy, un histórico del equipo que no era lo suficientemente participativo para estar en el grupo final de 23 seleccionados.

Van Marwijk charló con Sneijder y Robben hace un año y les exigió estar en forma. En la depresión por la manera en cómo abandonaron el Madrid, Bert les advirtió que serían el eje de su equipo. Su discurso fue directo, poco motivador pero efectivo para tener hoy a punto a esta dupla.

Se declara admirador del FC Barcelona y de la Selección de España, su rival en la final, pero advierte que su plantilla está lejos de ese nivel, pero es lo suficientemente capaz de ser competitivo.

Los críticos de su país no estuvieron de acuerdo con que dirigiera a la Orange y menos cuando se enteraron de los US2.7 millones anuales que lo hacían el quinto entrenador mejor pagado del Mundial. Hoy Holanda le debe más que esos millones, su filosofía idealista-realista, que lo ha impulsado a la tercera final de su historia.