Desde hace seis años la gratitud de Abraham Ancer pronuncia el nombre de su padre. El golf y la mentalidad por los negocios es su herencia y en ambos roles se puede mejorar al mismo tiempo.

A los 29 años, Abraham ya ha competido en los campos de sus sueños de la infancia: en un Masters de Augusta y en la Presidents Cup, también ya sabe qué es estar en el field codo a codo con uno de sus referentes, Tiger Woods.

En estas experiencias menciona que aprendió de la paciencia que tiene el número uno del planeta, Dustin Johnson en un Masters y de Rory McIlroy recuerda que en su primer evento PGA Tour se dio cuenta de que en su camino es importante hacer cambios y “aprender de mis errores para mejorar mi juego”.

Seguramente en esas charlas que solía tener con su padre sobre el amor al golf podremos encontrar lecciones para desarrollar una vida como emprendedor. La exigencia de pelear un buen lugar en el ranking del PGA Tour y a la vez, administrar e invertir ganancias, es posible.

Abraham dedica a su versión como emprendedor tiempo y concentración. Trabaja en su marca de tequila Flecha Azul y en la tienda de ropa Black Quail Apparel, en la que se asoció con el golfista colombiano Sebastián Muñoz, el mexicano Roberto Díaz y el estadounidense Max McGreevy. Además, presta su imagen a las activaciones de patrocinio con la marca japonesa Miura.

—¿Cómo se gestiona el tiempo entre el golf y los negocios?

“Es algo que desde muy chico mi papá me inculcó, manejar el tiempo es importante. He estado muy ocupado pero me gusta, prefiero estar ocupado a no tener nada qué hacer y no sólo estar enfocado en el golf, siento que también me ha ayudado esa parte. He estado muy involucrado con el tequila, la ropa y el golf y cuando estoy trabajando en esto me enfoco, pero sí he requerido mucho cuidado y saber que no estoy descuidando ninguna de las tres”.

Reynosa, Tamaulipas; McAllen, Texas y Oklahoma han sido hogares de Ancer. Las mudanzas como parte de sus cambios también dificulta el tiempo con su familia.

“Tal vez es difícil poder ver a mi familia, a mis amigos, me gustaría tener más tiempo para eso, pero así son las cosas a veces”.

El Club Campestre de Reynosa es el punto de partida de su relación con el golf, y el lugar que reiteradamente menciona con un recuerdo de su padre. Pisó los fields desde los 3 años y “aún antes de esa edad, desde entonces me enamoré y he jugado desde que tenía 6 años y no he parado. Amo el deporte y mejorar es como un viaje sin final”.

Con su padre hay un albúm de memorias importantes como el día que le ganó un juego a los 10 años o el gusto por viajar a España, donde pasaron un par de semanas en las fechas cercanas a su fallecimiento en el 2014. A su padre le reconoce el esfuerzo económico  para llevarlo a los eventos juveniles.

Abraham se abrió camino hacia el PGA Tour y se convirtió en el primer mexicano en jugar en la Copa Presidentes en el 2019. En Mayakoba en su sexta aparición estará junto a Carlos Ortiz, el chileno Joaquín Niemann y el colombiano Sebastián Muñoz, grupo que marcará la pauta en las cuatro salidas estelares del campeonato. Ancer jugará las primeras dos vueltas junto a los estadounidenses Gary Woodland y Rickie Fowler.

—¿Cómo consideras que tu crecimiento ha revalorado tu carrera?

“Me falta mucho por hacer en mi carrera y trato de hacer un buen papel, no solo en el campo de golf, donde sé que mucha gente está viendo lo que hago y más ahora que todo lo que haces está en medios, video. Trato de hacer un buen papel para que los niños vean que no solo es jugar golf, afuera se puede hacer un papel en los negocios o en algo más que los motive”.

No es un Masters o un Presidents Cup lo que le ha abierto caminos, sino la suma de todos los torneos en los que ha competido durante siete años como golfista profesional.

“He tenido otros torneos que me han enseñado demasiado, la Presidents Cup me ayudó mucho a darme confianza de saber cómo puedo jugar o de qué soy capaz en situaciones con mucha presión o estrés”.

marisol.rojas@eleconomista.mx